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martes, 8 de septiembre de 2015

HOMOSEXUALIDAD: PERSPECTIVAS SECULAR Y CRISTIANA

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO

INTRODUCCION
El tema de la homosexualidad es pertinente por varios motivos. A pesar de ser parte de la sexualidad humana desde que esta existe sobre la tierra, nunca pierde su vigencia, ya que ha acompañado al ser humano siempre. Es un tema actual, entonces, que exige se le preste atención.
También es pertinente abordarlo por lo polémico que resulta. La ética sexual, como cualquier otra ética, despierta opiniones encontradas entre las personas. Por lo general, muchos responden iracundamente cuando se menciona el tema, ya sea aprobándolo o censurándolo.
También es un tema urgente. La iglesia ha intentado hacerse de la vista gorda con este tema por mucho tiempo, tal vez por miedo o ignorancia. Pero desde hace tiempo, con la liberación sexual y el advenimiento de la posmodernidad, la homosexualidad como estilo de vida y forma de vivir la sexualidad humana ha vivido junto a quienes forman parte de la iglesia, a través de amigos, familiares o conocidos.
La iglesia es retada a dar una respuesta, y urgente, a las personas que están sumergidas en este ríspido asunto. La importancia del tema estriba, pues, en que es urgente una respuesta informada y bíblicamente fiel de parte del cuerpo de Cristo.

LA PERSPECTIVA SECULAR
El movimiento de liberación sexual ha impactado grandemente en la forma como las personas ven el tema de la homosexualidad[1]. El feminismo, movimientos hippies, pacifistas, de protesta, etc. y otros movimientos sociales han contribuido a la liberación sexual de una sociedad que veía la sexualidad como un tabú.
El psicoanálisis, el humanismo, los adelantos científicos y tecnológicos con la consecuente ilusión de poder y dominio en el ser humano, han contribuido también a abordar la sexualidad humana con menos culpas y más liberalismo.
La sociedad pasó de una visión victoriana, reprimida y culposa de la sexualidad, ha una visión liberal y amoral de la misma. Desde luego que ambos extremos son perniciosos para la salud y bienestar del ser humano. Todavía no se supera la lucha entre la tesis y la antítesis de la sexualidad, todavía no llegamos a la síntesis, al punto medio de cómo debemos vivir nuestra sexualidad. En armonía con nosotros, con los demás y con los imperativo morales de cualquier sociedad.
Otro énfasis que domina la perspectiva secular de la sexualidad en general, y de la homosexualidad en particular, lo da una ética situacional, relativista y hedonista, imperante en nuestra sociedad posmoderna[2]. Luego del desencanto de las promesas de bienestar y progreso que la ciencia, la tecnología y la modernidad no pudieron satisfacer, la sociedad pasó a vivir una etapa de pesimismo, desencanto y relativismo que muchos han venido a llamar posmodernidad.
En nuestra actual sociedad posmoderna, desencantada de las promesas insatisfechas de la modernidad (luego de dos guerras mundiales y varios genocidios, impera una ética situacional y relativista. La gente no cree en verdades absolutas, algunos ni siquiera creen que algo así como la “verdad” pueda existir o ser conocida. Los absolutos morales son ideas arcaicas y desfasadas, ya no hay lugar para ellas. Nada es absoluto, cada uno construye su propio destino, dicen muchos.
Muchos descubrimientos hechos por la psicología, aunque mal entendidos e interpretados, ha sido utilizados como pretextos para descuidar la disciplina en el hogar. El resultado son generaciones de jóvenes sin valores y sin rumbo fijo, padres necios e inmaduros, ciudadanos irresponsables, autoridades ineficaces, etc. Nadie se hace cargo de nada, salvo de lo  que le afecte personalmente. Palabras como solidaridad y bien común solo quedan en la retorica de los políticos.
A todo esto hay que agregar un hedonismo reinante. La gente solo hace aquello que le resultad fácil y placentero. El esfuerzo y el trabajo duro están muy lejos de los ideales de las mayorías. Todos buscan los mejores resultados con el mínimo esfuerzo, aunque eso signifique la desgracia de otro.
En este panorama, no es de extrañar que la homosexualidad no solo haya encontrado cabida, sino que se haga apología y propaganda de ella. Incluso los mismos griegos y romanos de la antigüedad se escandalizarían al presenciar el grado de inmoralidad en que ha caído el género humano.
Como nadie cree en absolutos morales ni en verdades universales, entonces nadie acepta ninguna autoridad que pueda normar, por ejemplo, la sexualidad humana. Se cree y se defiende la idea de que cada ser humano, en la privacidad de su hogar, es el único autorizado a determinar cómo vive su sexualidad.
El ideal de la sociedad posmoderna con relación a la sexualidad es el siguiente. Que cada uno determina, como mejor pueda, cómo vivir su sexualidad. Homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad “flexible”, y un largo etcétera, son aceptados y promovidos porque forman parte de la ética hedonista y relativista dominante.
A pesar de lo antes dicho, hay grupos de personas interesadas en buscar un respaldo bíblico y teológico de la práctica homosexual. Estos grupos utilizan una exégesis y hermenéutica forzadas para eliminar el impedimento bíblico de la práctica homosexual[3]. Pasajes bíblicos como Levítico 18 y 22, Génesis 19, Romanos 1 y 1 Corintios 6, son victimas de una hermenéutica tendenciosa y malintencionada, que busca encontrar una justificación “bíblica” de la homosexualidad.
Otra realidad que no se puede ignorar es la creciente intolerancia hacia el cristianismo y sus valores. Algunos grupos se oponen gratuitamente a todo lo que lleve rastros de cristianismo. Debido a que el cristianismo preconiza absolutos morales, una ética bíblica y estándares altos de vida, esto resulta molesto a muchos grupos de interés.
A pesar de que desde siempre el cristianismo ha sido blanco de burlas y persecuciones, hoy por hoy vemos una intensificación de intolerancia anticristiana. Mientras se abre las puertas a religiones orientales y a filosofías humanistas, se masifican las burlas y ataques a las iglesias y al mensaje evangélico.
No es de extrañar que en este ambiente, se ignore y ridiculice la postura que la iglesia tiene frente a la homosexualidad, y a otras prácticas sexuales.
En resumen, la sociedad actual, hedonista y posmoderna, no solo tolera sino que promueve y defiende ardorosamente la homosexualidad como forma legitima de vivir la sexualidad humana.
Esta postura se entiende, como se dijo, por un desencanto de la modernidad, la proliferación de una ética situacional y hedonista, y un abierto rechazo al cristianismo y a su mensaje evangélico. Todo esto no es otra cosa, que manifestaciones de la naturaleza pecaminosa en las personas irredentas. Es el pecado el que habla desde dentro del corazón de la raza humana, defendiendo y promoviendo la homosexualidad como forma de vida legítima.

LA PERSPECTIVA CRISTIANA
Muy contrario al mito popular, un gran sector de la cristiandad acepta y reconoce como válidos los adelantos científicos[4]. Es verdad que hay grupos fundamentalistas al interior del mundo cristiano que rechazan y niegan cualquier idea o descubrimiento científico. Se manejan bajo la premisa de que la ciencia y la fe son discordantes y disonantes.
Pero tal idea es errada. La ciencia y la Biblia no tienen por qué ser antagónicas. Podemos creer en la Biblia y aceptarla como fuente autoritativa de la revelación divina, y al mismo tiempo conocer, valorar y utilizar los adelantos científicos. No hay contradicción en ello.
En el tema de la homosexualidad, podemos y debemos tener, como cristianos, una opinión informada sobre este asunto. Sin bien es cierto, la ciencia médica y psicológica ha hecho poco por descubrir las causas y naturaleza de la homosexualidad, debemos, con todo, conocer lo que han descubierto hasta el día de hoy[5]. Nuestro fundamento de la Biblia como testimonio autoritativo de ética debe ir acompañado de un entendimiento científico de la homosexualidad. Si queremos ser tomados en serio por la comunidad circundante y si queremos honrar a Dios debemos evitar ser motivo de burla para el evangelio por nuestra ignorancia.
Ya se mencionó antes, creemos que la Biblia es la única fuente autorizada de revelación divina y de ética cristiana[6]. Esto significa que en la Biblia encontramos los absolutos morales que nos guían al momento de determinar qué es éticamente correcto o no. Es verdad que la Biblia es un libro con cierto trasfondo cultural. Es por ello que debemos hacer un buen uso de la exegesis y la hermenéutica para evitar caer en malas interpretaciones.
Esto último es más fácil de decir que de hacer. Es difícil delimitar hasta donde cierto mensaje bíblico es parte de una ética universal para todos los creyentes, cualquiera sea cultura, y que porción de la Biblia relata sólo circunstancias culturales para un pueblo en un tiempo y lugar delimitados.
Un adecuado método hermenéutico, como el método histórico gramatical y el método inductivo, puede ayudarnos a determinar una buena exégesis de los textos bíblicos. Es importante saber que dice la Biblia sobre la homosexualidad, ya que de ese entendimiento se desprenderá mayoritariamente nuestra perspectiva y posición con relación al tema.
Haciendo un breve recorrido por algunas porciones de la Biblia podemos obtener tres grandes ideas que nos pueden dar algunas luces sobre cómo debe afrontar la iglesia el asunto de los homosexuales. Estas tres ideas se pasan a considerar a continuación.
En primer lugar, las puertas de la iglesia deben estar abiertas para todos. A lo largo de toda la Biblia notamos que la invitación a formar parte del pueblo de Dios es universal[7]. En el antiguo pacto con Israel, Dios eligió a este como su pueblo (Jer. 32:38-40; Ez. 34:30-31) pero existí la posibilidad de que cualquier persona que deseara formar parte de este pueblo podía hacerlo (Ex. 12:48).
Ya en el nuevo pacto, el carácter universal del pueblo de Dios se hace más evidente. Son numerosos los pasajes bíblicos del Nuevo Testamento que nos indican el propósito universal del evangelio, es decir, que el evangelio es abierto a todas las personas, cualquiera sea su condición inicial. La gran comisión deja muy claro que su extensión es a todas las naciones (Mat. 28:19-20).
Nuestro Señor Jesucristo dejó bien en claro que la invitación evangélica es para todos, pero, precisamente, es para aquellos enfermos que necesitan médico, para aquellas ovejas que no tienen pastor (Mar. 2:17; Mat. 9:36).
Ya que el evangelio es para todos, pero más urgentemente, para aquellos que necesitan médico, que necesitan curación, queda claro que la iglesia debe abrir sus puertas y recibir cálida y cordialmente a los homosexuales.
Cerrarles las puertas de la iglesia a los homosexuales, o ponerles condiciones o requisitos previos para que puedan ingresar y formar parte de la comunidad de creyentes es un sinsentido anti-bíblico. Esta postura de rechazo y desconfianza hacia los homosexuales responde más que a la piedad cristiana, a un conflicto inconsciente de culpa que se busca reprimir a través de la discriminación y el estigma social.
Muchos cristianos, a pesar de haber sido redimidos y de estar en el proceso de santificación de sus vidas, aun guardan algunos conflictos inconscientes. Culpa, angustia, son algunos sentimientos que aun dominan la vida de muchos creyentes. Cuando estos creyentes se ven reflejados en algún homosexual que llega por primera vez a la iglesia, o cualquier otra persona considerada “pecadora”, entonces afloran sus neurosis personales y responden con rechazo y desaprobación, en un intento por aplacar sus propias angustias personales.
Esta actitud no es para nada saludable. No solo no es cristiana, sino que no es humana ni civilizada por ningún lado que se la mira. La actitud correcta está claramente estipulada en los evangelios. Nuestro Señor Jesucristo nos muestra claramente cuál debe ser nuestra actitud para con las personas que son alcanzadas con el evangelio.
El evangelio es la respuesta y provisión de Dios para aquellos enfermos espirituales y para aquellas almas desamparadas y dispersas que no tienen pastor. Los homosexuales, y muchas otras personas más, son precisamente aquellos enfermos espirituales y aquellas ovejas desamparadas que necesitan del Príncipe de los pastores para hallar el descanso y la sanación que tanto anhelan.
En segundo lugar, la iglesia debe mantener los más altos estándares de vida cristiana para todos[8]. La Biblia deja muy claro que el estándar de vida que Dios demanda de sus hijos es bastante elevado (Mat. 5:48; Ro. 6:13; 8:13; 12:1; Fil. 2:12-13). Son innumerables los pasajes bíblicos donde encontramos una y otra vez las demandas de Dios para una vida cristiana caracterizada por la santificación. Efectivamente, una vida santa es la mejor evidencia de haber alcanzado la redención del calvario.
En ese sentido, la iglesia debe ser celosa de cuidar los más altos estándares de vida santa (1Ti. 3:15). No solo los homosexuales, sino todas las personas, sea cual sea su condición inicial, deben estar conscientes y luchar por ir alcanzando, gradualmente, la santificación en sus vidas. La iglesia debe evitar caer en el error de ser permisiva y laxa al momento de velar por la moral de su congregación. La iglesia no debe tolerar ni aceptar el pecado al interior de su seno.
Así como el llamado a formar parte del pueblo de Dios es universal, el llamado a una vida santa también es para todos sus hijos. Todos los cristianos que de veras quieren agradar a Dios y vivir en congruencia con la salvación que han obtenido, deben aceptar los lineamientos de Dios para su vida y esforzarse por lograrlo.
Esto incluye a los homosexuales, que habiendo llegado a la iglesia y habiendo tenido un encuentro personal con Cristo, ahora deben vivir una vida santa y agradable ante el Señor y ser buenos testimonios para todos, y de esa manera honrar a Dios con sus vidas (He. 12:14; 1Ts. 4:3; 1Jn. 3:3; 2 Pe. 1:5).
Pero los homosexuales no están solos en su lucha por lograr la santidad en sus vidas. La Biblia aclara que ésta se logra viviendo en una comunidad de creyentes (He. 10:24-25). La iglesia no solo debe ser guardiana de la moral, sino también debe ser una comunidad terapéutica que ayude a sus miembros, con amor y aceptación, a alcanzar, conjuntamente, las demandas de Dios (Ef. 4:1-3, 16; 1 Co. 12:12-26; Gal. 6:1-2; 1 Pe. 2:9).
Dios juega un papel importantísimo en nuestra santificación (1 Ts. 5:23; He. 2:5-11; Fil. 2:13). El camino de la santificación para el homosexual es difícil y doloroso. Tiene que luchar contra muchos sentimientos en conflicto. Pero estas personas pueden encontrar el consuelo y la fuerza para no desmallar en la verdad bíblica. Ésta consiste en que no estamos solo en nuestra lucha por vivir santamente. Dios es el principal artífice de nuestra santidad (1 Co. 1:30; He. 12:2; 1 Pe. 2:21; 1 Jn. 2:6).
En tercer lugar, la iglesia debe estar preparada para ayudar a los homosexuales con sus conflictos y dificultades[9]. La iglesia como siervo de Dios en la tierra es llamada a poder responder ante los dilemas humanos. La iglesia tiene una responsabilidad terapéutica para con sus miembros.
El apóstol Pablo nos invita a sobrellevar las cargas los unos de los otros (Gal. 6:2). Esto significa que la iglesia es llamada a ser una comunidad terapéutica, en el sentido que tiene el ministerio de curar y sanar las heridas del alma a través del amor mutuo.
El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Teníamos el imago dei dentro de nosotros. Pero el pecado desdibujó ese imago dei y sucumbimos ante la concupiscencia[10]. La homosexualidad es un claro ejemplo de como el pecado desvirtúa nuestro diseño original, creado por Dios en su soberanía, y lleva a la naturaleza humana hasta la degradación más miserable.
Ya se dijo que esta condición no debe ser impedimento para aceptar a los homosexuales en la iglesia, como primer paso en su proceso de sanación. Nuestro propósito en la tierra es la santificación, buscar reconstruir, con la ayuda y dirección del Espíritu Santo, la imagen de Dios dentro de nosotros. Llegar a la estatura de Cristo, el segundo Adán, quien cumplió fielmente el plan de Dios para nosotros.
En ese sentido, la iglesia debe ser la comunidad que ayude a sus integrantes a reconstruir la imagen de Dios dentro de ellos, desdibujada por la presencia del pecado. Debemos buscar vivir nuestra santidad con la ayuda de nuestros hermanos en Cristo.
De eso se deduce que la iglesia debe estar preparada para poder dar la ayuda y contención emocional necesarios a los homosexuales. La iglesia no solo debe recibirlos, también debe animarlos a vivir como es digno del evangelio. Pero también debe ayudarles a resolver sus conflictos psicológicos, a superar sus frustraciones, a encontrar consuelo y alivio, a liberarse de la culpa y la vergüenza, etc.
La iglesia no puede negarse a ver esta realidad. La iglesia debe estar preparada, con personas idóneas, especialmente capacitadas, que puedan ayudar a los homosexuales en su sanidad espiritual. Debe implementar programas y grupos de apoyo especiales. Son muchas las iniciativas que la iglesia puede tomar para atender a este grupo de personas.
Pero para eso la iglesia debe comenzar por romper con sus prejuicios. Perder el miedo a compartir con estas personas. Ser valiente y proclamar la verdad del evangelio con valor. Sentir misericordia y amor por los perdidos. Ser generosa y ayudar a quienes lo necesitan. Pero para realizar todo esto la iglesia debe estar medianamente saludable, viviendo en unidad, fomentando la santidad y no tolerando ningún nivel de corrupción espiritual en su interior.

CONCLUSIONES
Como cristianos debemos utilizar los adelantos científicos para estar bien informados y dar respuestas serias y equilibradas sobre los principales dilemas morales de nuestros tiempos. Debemos sacudirnos el estigma de ser personas ignorantes y atrasadas. La ciencia forma parte de la gracia común dada por Dios a la humanidad. Es nuestra responsabilidad no ser tropiezo ni causa de burla para el evangelio.
Nuestra postura ante la homosexualidad debe salir de un correcto uso de los métodos hermenéuticos, es decir, de una correcta interpretación de los textos bíblicos. La Biblia es la base de nuestra ética personal y comunitaria. Creemos que en ella Dios ha revelado su voluntad para la humanidad. Pero también reconocemos que ésta puede ser susceptible de malas interpretaciones. Es por ello que debemos por velar por un buen uso hermenéutico del texto bíblico.
La Biblia enseña que el amor y misericordia de Dios es para todos, incluso para los homosexuales. La iglesia haría mal en negar ese amor y esa misericordia a los homosexuales, solo por un estigma social. Si la iglesia quiere se fiel a su Señor, entonces debe hacer lo que su Señor hizo, abrir los brazos a todos aquellos que necesiten descansar de sus cargas.
La Biblia también enseña que Dios demanda de sus hijos los más altos estándares morales de vida. El cristiano es llamado a vivir en santidad, incluso aquel que debe luchar con su homosexualidad. El amor y la aceptación incondicional hacia los homosexuales no es una aceptación del pecado. Los ex-homosexuales, como cualquier cristiano, deben luchar por vivir de manera que honre a Dios.
La Biblia también enseña que la iglesia es responsable por el desarrollo espiritual de sus miembros. En ese sentido, la iglesia debe estar preparada para dar una respuesta y asistencia adecuada y pertinente a cualquiera que lo requiera, incluso a los homosexuales. La iglesia debe vencer su miedo inicial y buscar formas eficaces y bíblicas para poder ayudar a aquellos que luchan con sus instintos más primarios y sus deseos de agradar a Dios. La iglesia no puede esconder la cabeza como un avestruz y fingir que nada pasa, si hiciera eso, estaría traicionando su misión y a su Señor.
A fin de cuentas, cómo bien dijo nuestro Señor, toda la ética cristiana descansa sobre las bases del amor a Dios y al prójimo. Por amor debemos aceptarnos, por amor debemos luchar con nosotros mismos para poder agradar a Dios, por amor debemos ayudarnos mutuamente para poder ser testimonios vivos del poder de Dios.

BIBLIOGRAFIA
·                    Cáceres, Artidoro (2002). Manual de sexología. Lima, San Marcos.
·                    Grudem, Wayne (2007). Teología sistemática. Miami, Vida.
·                    Lacueva, Francisco (1975). Ética cristiana. Barcelona, Terrassa.
·                    León, Jorge (1976). Lo que todos debemos saber sobre la homosexualidad. Miami, Caribe.
·                    Martínez, José (1999). La homosexualidad, en su contexto histórico, teológico y pastoral. Barcelona, Alianza Evangélica Española.


[1] Cáceres, Artidoro. Manual de sexología (Lima: San Marcos, 2002).
[2] Ibíd.
[3] Martínez, José. La homosexualidad, en su contexto histórico, teológico y pastoral (Barcelona: Alianza Evangélica Español, 1999).
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Lacueva, Francisco. Ética cristiana (Barcelona: Terrasa, 1975).
[7] Grudem, Wayne. Teología sistemática (Miami: Vida, 2007).
[8] Ibíd.
[9] León, Jorge. Lo que todos debemos saber sobre la homosexualidad (Miami: Caribe, 1976).
[10] Ibíd.

LA ETICA DE JESUS

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO

INTRODUCCION
La ética tiene un antes y un después con Jesús. Ya sea que se le vea como un líder religioso o como un filósofo ético, sus enseñanzas dejaron una impronta imborrable en la sociedad occidental y cristiana.
A pesar de ello, o tal vez precisamente por eso, la ética cristiana ha sido crítica y cuestionada repetidas veces a lo largo de la historia. La misma iglesia ha sido incapaz de alcanzar siquiera un nivel respetable de esta ética. Ha habido muchos malos entendidos sobre las palabras y hechos de Jesús.
Es pues menester hacer un estudio de la ética de Jesús para poder entenderlo a cabalidad y hacer el intento de ajustar las vidas presentes a esta ética. El primer capítulo trata sobre la enseñanza del reino de Dios en relación con la ética de Jesús. En el segundo capítulo se tratan algunos temas especiales que se encuentran en la enseñanza ética de Jesús. En el tercer y último capítulo se hace mención de la dimensión interna que caracteriza y distingue a la ética de Jesús.

1.      LA ETICA DEL REINO
La ética del reino de Dios es una realidad presente y tiene tres aspectos: la soberanía de Dios, el reino como manifestación presente en la vida de los hombres y la consumación final del reino en la parusía. [1] En la soberanía de Dios descansa su gobierno sobre este mundo y el universo en general. Por otro lado, su reino ya ha sido inaugurado con la resurrección de Cristo pero todavía tiene su consumación final en la parusía de Cristo en su segunda venida.
La resurrección fue la vindicación de Jesús y su mensaje. El reino no dependía de la moral humana, sino de la soberanía divina futura e indiscutible, dependía del poder de Dios, capaz de destruir o regenerar el mundo. Ligado a esto estaba el llamado al arrepentimiento, dando la bienvenida al reino como ya presente y conformando el carácter y la conducta en anticipación al futuro maravilloso prometido por Dios. El reino fue anunciado a los menos dignos de recibirlo, a los pobres, mujeres, niños, pecadores.[2]
Es imposible separar la ética de Jesús de su mensaje y misión total. Es una ética sólo pertinente para quienes han experimentado el reinado de Dios. El elemento exclusivo de la enseñanza de Jesús es que en su persona el Reino de Dios ha entrado en la historia humana, y las personas se hallan no sólo bajo la exigencia ética del reinado de Dios,  sino que, en virtud de esta misma experiencia del reinado de Dios, están en condiciones de hacer realidad una nueva medida de justicia.[3]

1.1. CARACTERIZACION DEL REINO
El reino de Dios es un concepto céntrico en las enseñanzas de Jesús, menciona el reino de Dios setenta veces.[4] El reino es espiritual y abarca a las personas que componen ese ejército invisible de todos los siglos de la historia. No tiene barreras raciales, nacionales o sociales.
El reino es invisible, ya que es espiritual, no es tangible ni visible. No tiene las características de un gobierno político ni eclesiástico. La entrada al reino de Dios depende de una fe personal en Cristo como salvador de uno. Es una experiencia individual, aunque sí formamos una comunidad grande una vez que somos miembros del reino.
El reino es presente, quiere decir que Dios está formando su reino en la actualidad, como lo ha estado haciendo desde la creación del mundo. Participamos en esta expansión del reino por medio de las misiones y el evangelismo. Donde hay dos o más personas cristianas reunidas, allí está el reino de Dios en forma parcial. Todos tenemos la responsabilidad en dos esferas: vivir de acuerdo con las normas de un ciudadano del reino, y trabajar para extender el reino.
El reino es futuro, quiere decir que cuando llega la muerte para cada uno de nosotros, entraremos en otra dimensión del reino de Dios, para disfrutar de las bendiciones celestiales durante toda la eternidad. Allí estaremos reunidos con todos los demás que han aceptado la condición de entrada en el reino, y este gran ejercito de almas van a gozarse de estar en la presencia de Dios eternamente.
El reino es individual y social. La decisión de aceptar a Cristo es personal e individual. Pero al tomar ese paso y al entrar al reino, formamos parte de la familia de Dios, trabajamos para corregir los males y así crear la justicia para toda la humanidad aquí en la tierra. Enfocamos los aspectos sociales del reino, donde como cristianos podemos ejercer influencias para el bien de toda la humanidad.

1.2. EL MANDAMIENTO DEL AMOR
Dentro de todas las enseñanzas, destaca el mandamiento del amor (Mr 12.28-34).[5] El amor es la celebración activa de Dios y del prójimo y la disposición de deleitarse en ellos y la voluntad de honrar a Dios y ayudar al prójimo. Con la confianza en el gobierno venidero de Dios y como respuesta a un futuro glorioso, entonces el prójimo, incluso el enemigo, puede ser amado.
Enseñó la voluntad pura e incondicional de Dios sin compromisos de ninguna clase, la cual Dios puso sobre las personas en todos los tiempos y para todos los tiempos. Tal conducta es alcanzable sólo en el siglo venidero, cuando todo el mal ha quedado excluido, pero está muy claro por el Sermón del monte que Jesús esperó que sus discípulos practicaran sus enseñanzas en este siglo (la luz y sal del mundo, Mt 5.13-14). La ética de Jesús encarna la norma de justicia que un Dios santo debe exigir de las personas de cualquier era.[6]

1.3. LAS RECOMPENSAS
El propósito de Cristo no es atraer a los hombres con  promesas de galardones, porque también promete sufrimientos, sino animar a sus seguidores. Serán recompensados el servicio a él (Mr. 10.29-30), la caridad (Lc. 14.13-14), la humildad (Lc. 14.10-11), el amor a los enemigos (Lc. 6.35), el perdón (Mt. 6.14), la devoción secreta (Mt. 6.18).[7]
Las enseñanzas de Jesús ilustran que lo que hacemos en esta vida tendrá efecto sobre nuestra condición en la eternidad. Uno tiene que creer en Cristo para tener la seguridad de la vida eterna. Pero nuestro grado de felicidad en el cielo será en proporción a nuestro fruto en la vida cristiana en esta vida.[8]
La fidelidad nunca debe ejercerse con los ojos puestos en la recompensa, la recompensa misma es fruto exclusivo de la gracia.  La recompensa es el reino de Dios mismo, que se da a aquellos para quienes ha sido preparado. Incluso las oportunidades de servir son en sí mismas un don divino. La recompensa entonces se convierte en gracia inmerecida y gratuita y se describe como fuera de toda proporción en relación con el servicio prestado. El reino es un don gratuito dado por Dios.[9]

2.  TEMAS EN LA ETICA DE JESUS
El mundo judío al que vino Jesús fue uno caracterizado por el legalismo. Las leyes minuciosas, los códigos y la tradición de los rabíes sustituyeron a las enseñanzas de la Ley, de los profetas y de la poesía. Jesús hizo énfasis en los principios básicos de la relación entre Dios y el ser humano.[10] Las enseñanzas de Jesús contienen elementos que enfocan el fin de fines, característica de una ética teleológica, pero a la vez hace hincapié en los medios aceptables para alcanzar estos fines, este es un asunto importante en los sistemas deontológicos.

2.1. JESUS Y EL ANTIGUO TESTAMENTO
Jesús vino a cumplir la ley en su vida perfecta (Mt 5.17), restauró la ley moral a su justo lugar quitando lo que los hombres habían añadido (Mt 15.1-9), puso énfasis sobre lo que era debido (Mt 23.23), atacó la raíz del pecado y no sólo los frutos del pecado (Mt. 5).[11]
No destruyó la ley sino que la llevó a su cumplimiento escatológico.  Condenó la casuística legal que no alteraba actitudes ni comportamientos (Mt 15.17-20, 23.25-28, Lc 11.39-41). Exigía una respuesta de la persona como agente global, no solamente dentro de los límites de su conducta externa. Anunció el reino, le dio la bienvenida y animó a las personas a que se conformarán y reformarán en él.[12]

2.2. JESUS Y EL PECADO
Jesús se enfocó en las actitudes que forman la raíz del pecado y de las cuales todos los pecados florecen. El amor propio como el pecado principal, es el pecado que más condenó Jesús en sus enseñanzas. Los pecados carnales y los vicios sociales son resultados del pecado básico del amor propio. Con relación a los pecados del espíritu, Jesús criticó el orgullo, la hipocresía y la complacencia. Habló mucho de la necesidad de servir a la humanidad. No era suficiente con no participar en cosas malas (bien negativo). Dio mayor validez a la ley moral que a la civil y ceremonial.[13]

2.3. JESUS Y LA BUENA VIDA
La buena vida para Jesús se basaba en la centralidad del reino de Dios, el amor, el desafío a la perfección, el carácter y la humildad.[14]
Las personas que aceptan a Cristo entran a formar parte de este reino. Esto quiere decir que son ciudadanos de dos reinos: uno terrenal y otro espiritual. el cristiano es guiado a tomar decisiones desde una perspectiva diferente. Es decir, si sus decisiones afectan o no el extendimiento del reino.
El amor hacia Dios y hacia el prójimo representa el elemento esencial en el cristianismo. Jesús introduce un nuevo mandamiento en Juan 13. 34, 35. Este mandamiento de amar a los hermanos en la fe ha producido una relación de compañerismo entre los cristianos. En esto se ve el poder transformador del evangelio.
Cristo desafío a los cristianos a ser perfectos (Mat. 5. 48). El ideal de Jesús para cada persona es alcanzar esa madurez que le preparará para actuar en una manera apropiada en toda circunstancia. Esto abarca el control de las emociones tanto como el aspecto volitivo. Jesús nos dejó un buen ejemplo por medio de su vida, el cual el hombre puede seguir para llegar a ser bueno.
Jesús reconoció que el carácter de uno es la base para el buen comportamiento. El carácter es transformado por medio de la fe en Cristo como salvador personal y forma la base para actos específicos de comportamiento. Es bueno aquel que voluntariamente acepta la voluntad de Dios para su vida y encuentra en esta voluntad la felicidad suprema.
Cristo convirtió a la humildad en una virtud. Jesús llama a sus discípulos a olvidarse de sí  mismos, tomar su cruz y seguirlo.


2.4. JESUS Y LAS MUJERES
Jesús fue revolucionario, no tanto por lo que dijo sino por la manera en que se relacionó con las mujeres. En esta relación su estilo de vida fue tan notable que uno puede sólo considerarlo como sorprendente. [15]
Las trató como plenamente humanas, iguales al hombre en cada aspecto, ninguna palabra de desprecio contra las mujeres, como tales, se halla en sus labios. Atacó la doble norma de moralidad que perdonaba en el varón lo que condenaba en la mujer. Las trató como a iguales, incluso enfrentando la sorpresa y disgusto de sus discípulos. No fue condescendiente ni severo, fue justo y natural con ellas como con sus demás discípulos.

2.5. JESUS Y LA POLITICA
El anuncio que hizo Jesús del reino no contenía un programa político, pero si una postura política, dispuesta a condenar el orgullo  que sentían los poderosos que se "enseñoreaban" de sus súbditos (Mr 10.42-44), se trata de una postura que buscaba la paz, y que rechazaba el deseo de venganza de los zelotes, una postura que ansiaba la justicia y se volvía contra la colaboración saducea, basada en la explotación y la extorsión. En definitiva, es una postura que, aquí y allá, bendice a los pobres y los desvalidos.[16]

3. ENFOQUE INTERNO DE LA ETICA DE JESUS
Jesús tomó los diez mandamientos que tienen que ver con responsabilidades hacia el prójimo e hizo un enfoque en las actitudes internas que producían el homicidio, el adulterio, la mentira y el robo. Jesús supo que si podemos controlar las raíces del comportamiento malo, entonces no tendremos que tratar con personas que han violado estos mandamientos.[17]

3.1. LA JUSTICIA DEL CORAZON
Para ser admitido en el Reino de los cielos es necesaria una justicia que es superior a la de los escribas y fariseos (Mt 5.20). Se enfatiza sobre todo la índole íntima que subyace a la conducta externa. El carácter es el don del reinado de Dios.[18] El perdón o condenación no dependerá de la conducta formal de la persona, son de la naturaleza verdadera del ser íntimo. Así pues la justicia esencial del Reino, como es justicia de corazón, de hecho es alcanzable, no en calidad, pero sí en cantidad. La plenitud llegará con la venida del Reino escatológico aunque, en esencia se puede hacer realidad aquí y ahora, en este siglo.
Aunque la ética de Jesús es legalista en el sentido de que deben obedecerse los mandamientos, también presupone una renovación interior que permita a los hombres cumplir con sus enseñanzas. La justicia del reino es, tanto alcanzable como inalcanzable. Se puede alcanzar pero no en su plenitud.

3.2. RELACION ENTRE RELIGION Y ETICA
La ética de Jesús es una ética basada en la experiencia religiosa. Uno de los elementos básicos en las enseñanzas de Jesús es su énfasis sobre el nuevo nacimiento, o sea, la fe en él.[19]
La experiencia religiosa de la conversión es la puerta de entrada al reino de Dios. Al entrar en el reino, uno se da cuenta de la necesidad de tomar en cuenta las demandas del ciudadano del reino, las cuales abarcan una moral personal y social. Uno comienza a vivir bajo un sentido de responsabilidad hacia otros. En la comunión diaria con Dios y en la adoración pública recibe la inspiración y el poder para ejercer una influencia positiva en el medio. Jesús estableció el orden correcto, primero es el amor hacia Dios, el cual producirá el amor en las relaciones con el prójimo.

3.3. EL NUEVO NACIMIENTO Y EL IMPERATIVO ETICO
En todo ser humano hay dos posibilidades: la imagen de Dios y el pecado. La presencia de estos dos elementos contradictorios crea en la persona una ambivalencia existencial. A pesar del pecado se expresa la imagen de Dios, de modo que hay en cada persona valores inherentes a la condición del ser humano. [20]
El nuevo nacimiento tiene relación con el imperativo moral. Jesucristo es el hombre nuevo y debemos ir conformándonos no sólo para parecernos a él, sino para ser como él es. En la epístola a los romanos, Pablo señala que el nuevo nacimiento involucra el encuentro con el imperativo moral.
El nuevo hombre está en progreso hacia la perfección. (Mt 5.48) Jesucristo es la imagen de Dios, el hombre nuevo, el segundo Adán, el hombre perfecto. La meta de cada cristiano debe ser llegar a ser como Jesucristo. En todo ser humano está la imagen de Dios, y también el pecado. El progreso hacia la perfección no es entonces un proceso de autorreforma, producto de un humanismo ingenuo, sino la obra de Dios en colaboración con el hombre.
El hombre nuevo en su experiencia comunitaria. Efesios 2.15, 5.21-33 muestra que el concepto de hombre nuevo está ligado a la iglesia, es comunitario. La voluntad de Dios es la santificación de la iglesia, desnaturalizada a través de los siglos por muchas manchas y arrugas. Los cristianos hoy tenemos la responsabilidad histórica de ponernos en las manos de Dios y de hacer nuestro mayor aporte para el completamiento de nuestra condición humana, nuestra santificación, de modo que podamos contribuir a la santificación de la iglesia y a la creación del hombre nuevo individual y comunitario. Jesucristo es el modelo de hombre y además es el redentor.

CONCLUSIONES
La posibilidad de vivir una vida ajustada a la ética de Jesús descansaba en el reino de Dios. es decir, que gracias a que el reino de Dios había venido a este mundo y había sido inaugurado por el ministerio de Cristo en la tierra, entonces las personas tenían la posibilidad de vivir la vida según la ética de Jesús.
El amor y la justicia que Jesús demandaba de sus discípulos solo podía vivirse sometiéndose al gobierno de Dios en la vida del discípulo. Esta ética, vista así, tenía una dimensión presente, pero también una futura. En la parusía de Cristo recién se completará el reino de Dios y en ese momento la ética de Cristo podrá ser cumplida cabalmente. Sin embargo, eso no disminuye la responsabilidad del creyente de buscar la santidad en la vida presente.
Otra característica de la ética de Jesús es su tratamiento de algunos temas especiales como la ley, las mujeres, el pecado, la buena vida y la política. En todos estos aspectos Jesús fue revolucionario, ya sea que haya dado enseñanzas explicitas al respecto (como con la ley), o ya sea que haya dado enseñanzas tácitas a través de sus actitudes y comportamiento (como con las mujeres y su lugar en la sociedad).
Es interesante notar como Jesús aplicaba su ética a los temas importantes y particulares de la vida. No solo se quedaba en mandamientos o principios generales, sino que a través de las circunstancias y los ejemplos, Jesús aplicaba sus principios a los temas importantes. Podemos aprender mucho de esto para aplicar esos mismos principios a los temas de interés de hoy.
Finalmente, es notable como la ética de Jesús tiene un marcado énfasis en las actitudes internas, es decir, se busca una justicia del corazón. A diferencia del legalismo, la ética de Jesús se centraba en las actitudes y el mundo interno de la persona como la raíz de toda conducta, sea esta ética o no.
Asimismo, el notable el énfasis que hace Jesús de la vida ética con la experiencia espiritual enmarcada en una relación personal del creyente con él mismo. Es decir, que para Jesús, la experiencia religiosa y el nuevo nacimiento son requisitos indispensables que capacitan al creyente para poder vivir la ética del reino.

BIBLIOGRAFIA
  • Atkinson, David & Field, David (2004) Diccionario de ética cristiana y teología pastoral. Barcelona: Clie.
  • Giles, James (2009) Bases bíblicas de la ética. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones.
  • Jewett, Paul (1975) El hombre como varón y hembra. Miami: Caribe.
  • Lacueva, Francisco (1975) Curso de formación teológica evangélica: ética cristiana. Barcelona: Clie.
  • Ladd, George (2002) Teología del Nuevo Testamento. Barcelona: Clie.
  • León, Jorge (1979) ¿Es posible el hombre nuevo?  Buenos Aires: Certeza.

[1] Lacueva, Francisco. Curso de formación teológica evangélica: ética cristiana. 1975.
[2] Atkinson, David y Field, David. Diccionario de ética cristiana y teología pastoral. 2004.
[3] Ladd, George. Teología del Nuevo Testamento. 2002.
[4] Giles, James. Bases bíblicas de la ética. 2009.
[5] Atkinson, David y Field, David. Op. cit.
[6] Ladd, George. Op. cit.
[7] Lacueva, Francisco. Op. cit.
[8] Giles, James. Op. cit.
[9] Ladd, George. Op. cit.
[10] Giles, James. Op. cit.
[11] Lacueva, Francisco. Op. cit.
[12] Atkinson, David y Field, David. Op. cit.
[13] Giles, James. Op. cit.
[14] Ídem.
[15] Jewett, Paul. El hombre como varón y hembra. 1975.
[16] Atkinson, David y Field, David. Op. cit.
[17] Giles, James. Op. cit.
[18] Ladd, George. Op. cit.
[19] Giles, James. Op. cit.
[20] León, Jorge. ¿Es posible el hombre nuevo? 1979.