Mostrando entradas con la etiqueta adoración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adoración. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2015

ESTILOS Y FORMAS MUSICALES EN LA ADORACION

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO




INTRODUCCION
Cada estilo o forma musical tiene una doctrina o teología que la respalda. Es decir, que la música refleja lo que el cantante cree, ya que toda música refleja una filosofía especifica.
Así, en la iglesia, la música que se utilice para la adoración va a reflejar lo que la iglesia crea sobre Dios y sobre la adoración. Actualmente, hay dos formas musicales en las iglesias que son las que predominan, la llamada música cristiana contemporánea, aquellas iglesias que buscan mantener una forma musical fiel a las Escrituras, e iglesias que combinan ambos estilos tratando de hacer una síntesis de ambos.
Lo que predomina en la actualidad es una desinformación y desconocimiento sobre lo que es realmente la adoración. Es decir, se desconoce lo que la Biblia dice sobre la adoración. Son muy pocas las iglesias y los creyentes que han realizado un estudio serio de la doctrina de la adoración, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.
Lo que predomina actualmente en la iglesia es una música enfocada en una ética hedonista y sentimental. Es decir, que se utilizan los estilos musicales que prefieren o gustan a las personas mayoritariamente, sin tomar en cuenta lo que Dios demanda como adoración.
Pero la Biblia enseña otra cosa. Efesios 5.10 dice que debemos comprobar lo que es agradable a Dios. Es más Dios establece en su Palabra los requisitos que el adorador debe cumple antes, durante y después del acto de adorar. Esto incluye también a la música.
                                                                                
MUSICA CRISTIANA CONTEMPORANEA
Es una corriente que surgió y fue impulsada por la neo-ortodoxia y su enfoque teológico. La neo-ortodoxia es una escuela de pensamiento teológico liberal. Básicamente enseña que debemos buscar una síntesis en el pensamiento teológico. Es decir, que si una postura conservadora plantea una tesis, como la divinidad de Jesús, pero otra postura más liberal la niega, entonces la neo-ortodoxia buscará una síntesis de ambas. De ahí surgió la idea de dos Cristo, uno histórico y otro teológico, el Jesús de la historia y el Jesús de la fe.
Utilizando las ideas de Hegel de tesis, antítesis y síntesis, se ha buscado sintetizar tanto las tradicionales formas musicales de adoración con los nuevos estilos musicales tomados del mundo secular. Así, enseñan que no importa el estilo musical, puede usarse música sacra, académica, pop, etc., mientras se cuide la letra. Esto abre las puertas a un sin número de posibilidades, no todas fieles a la Palabra de Dios.
La Nueva Era también ha ido metiéndose, lamentablemente, en el movimiento de la MCC. Con una filosofía humanista, panteísta y anti bíblica, la Nueva Era enseña y fomenta la posibilidad de ser dioses. El viejo engaño de Génesis 3.
Con relación a la música, dan prioridad al ritmo por sobre la melodía. Utilizan ritmos irregulares y hay ausencia de una melodía sostenida, por ejemplo, en la música rock, o en el jazz.
El problema aquí es que la música si tiene un efecto sobre el oyente, tanto a nivel físico, psicológico y espiritual. La melodía, armonía y el ritmo de una canción afectan el cuerpo, por ejemplo, el sistema circulatorio, nervioso, endocrino e inmune.
Afecta también a la mente.  La música tiene una cualidad innata que la convierte en un lenguaje universal, que está más allá de los idiomas. La música afecta la conciencia del oyente. Puede inducir diferentes estados de conciencia. Afecta el estado de ánimo.
El ser humano es una unidad, si la música lo afecta física y psicológicamente, entonces también se afecta espiritualmente. No se puede dividir estas dimensiones, están relacionadas, interactúan, se comunican y afectan mutuamente. Está demostrado científicamente que el sistema nervioso, endocrino e inmunológico utilizan un lenguaje común e interactúan como si fueran un macro-sistema.

EL CANTICO NUEVO
No solo se be prestar atención entonces solo a la letra de las canciones, sino también a la música que la acompaña. Esta es la que le da el sentido y la intención a la letra.
La Biblia enseña el principio del cántico nuevo. El Salmo 40.3 dice “puso luego en mi boca, cántico nuevo…”. Este cántico nuevo debe estar en nuestra boca y brotar de nuestro corazón transformado por Dios. Lucas 6. 45 dice “… porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Josué 1.8 dice “nunca se apartará de tu boca este libro de la ley”.
El cantico nuevo es un cantico que le alaba a él. El propósito principal de la música es alabarle a él. Cuando nuestra música utilizada en la adoración es una que le da la alabanza a él, entonces Dios nos fortalece y nos bendice.
La música debe tener principalmente una melodía, con un armonía sujeta a esa melodía y el ritmo bajo la superficie, donde apenas se note. No es cuestión de cultura. En toda cultura se encontrará música beneficios y música perniciosa. La tarea es distinguir cual beneficia al ser humano y cual no. Esa regla la da Dios es su Palabra.
Debido al gran poder de influencia que tiene la música sobre el ser humano en su totalidad, debemos ser más cuidadosos de la música que se elija para adorar a Dios. Si el objeto de nuestra adoración es Dios, entonces debemos buscar en su Palabra cuál es la música que a él le agrada y utilizarla para adorarle.
No es fácil renunciar a los propios deseos. Estamos acostumbrados a hacer las cosas a nuestra manera. Se nos ha enseñado a buscar lo placentero y lo fácil, y a evitar lo que requiera sacrificio.
La vida cristiana consiste de sacrificios. De renunciar a la pasada manera de vivir y de vestirse del nuevo hombre. Es decir, buscar en el ejemplo de Jesús un nuevo estilo de vida, que agrade a Dios, eso es la adoración, obediencia y sujeción a la majestuosa y todopoderosa voluntad de Dios.
La música es un instrumento poderoso de comunicación. Dios la ha elegido para ser el medio por excelencia a través del cual se le exprese alabanza. Pero la música, como todo, tiene un componente moral. Hay varias músicas, cada una sujeta a una filosofía concreta. Hay música sensual, desordenada, rebelde, etc., y estás cualidades se expresan a través del uso de la melodía, la armonía y el ritmo.
No hay que ser ingenuos. Hay que hacer un uso serio y maduro, en todos los sentidos, de la melodía, armonía y ritmo en la música que se utiliza para adorar a Dios, ya que nuestro propósito es glorificar a Dios.

REFERENCIAS
·         Garlock, Frank. Seminario: El lenguaje de la música. Majestic Music Ministry.

·         Bartley, James. La adoración que agrada al Altísimo. Casa Bautista de Publicaciones.

ACTOS DE ADORACION QUE AGRADARON O DESAGRADARON A DIOS

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO




ACTOS DE ADORACION QUE AGRADARON A DIOS
Dios es grande y generoso al momento de recompensar y mostrar su agrado a quienes le adoran siguiendo lo que Dios mismo demanda de ellos como adoradores. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos ejemplos de adoradores que agradaron a Dios y como él les bendijo de muchas maneras.
En Génesis 4.4b vemos que Dios vio con agrado la ofrenda de Abel. Es importante notar que Dios primero evaluó al adorador y luego su ofrenda, es decir, examinó primero su corazón. Además es relevante que en Hebreos 11.4 Abel aparece primero en la lista de los héroes de la fe.
Con Noé, Dios mostró su agrado de tres maneras, luego de que este ofreciera holocausto en un altar luego del diluvio. Dios percibió la ofrenda como olor grato, Dios prometió no volver a maldecir la tierra ni a destruir a ningún ser humano, y Dios bendijo a Noé y su familia (Génesis 8.21; 9.1).
Con Abraham, Dios mostró su agrado de muchas maneras. Confirmó su pacto con Abram (Génesis 17.4ss), cambió su nombre a Abraham (padre excelso de una multitud) (Génesis 17.5), cambió el nombre de su esposa Sarai por el de Sara (princesa) (Génesis 17.15), confirmó su promesa de darle un hijo en su vejez (Génesis 17.16), y también proveyendo un sustituto para el sacrificio de Isaac, confirmando así la promesa de darle una descendencia a través de la cual bendeciría a todas las naciones (Génesis 22.11-19).
Gedeón mostró su adoración a Dios siguiendo al pie de la letra todas sus indicaciones. Dios mostró su agrado hacia Gedeón y su adoración dándole una victoria contundente sobre los madianitas (Jueces 7.15ss).
Con Ana y Elcana Dios mostró su agrado, primero dándoles a Samuel, y luego dándoles muchos hijos (1 Samuel 2.21), también bendijo a Samuel dándole un ministerio y una larga vida (1 y 2 Samuel).
A Salomón Dios le mostró su agrado llenando con su gloria el templo de Jerusalén, luego de que Salomón lo ofreciera a Dios (2 Crónicas 7.1, 2). Dios también hizo un pacto con Salomón prometiéndole prosperarlo y prometiendo su presencia continua en el templo (2 Crónicas 7.12-18).
Ya en el Nuevo Testamento,  vemos como Jesús se agradó de la adoración que le rendían concediendo a la gente lo que ellos le pedían (Mateo 8.3, 9.25, 15.28). Un ejemplo de esto fue la adoración con fe que le rindió la mujer cananea (Mateo 15.28). Otro ejemplo lo encontramos en la adoración que le rindió el ciego luego de ser sanado, Jesús lo defendió de los líderes religiosos que querían deshacerse de él (Juan 12.38-41). Pero  no solo con los judíos, cuando un grupo de griegos fue a Jerusalén a adorar, Jesús los bendijo enseñándoles las profundas verdades del reino de Dios (Juan 12.20-26).
En Hechos 8.27 notamos como Dios bendijo la adoración del etíope eunuco, luego de su visita a Jerusalén, enviándole a Felipe para que ayudara a entender la profecía de Isaías, encontrando así la salvación.
En Apocalipsis, Dios mostró su agrado a los adoradores que sufrían por causa de su fe en la lucha que libraban contra Satanás (Apocalipsis 11.1, 7; 13.15; 20.4). Dios los levantó de la muerte (Apocalipsis 11.11). Dios prometió a sus adoradores que disfrutarían de su protección (Apocalipsis 11.1).
Dios promete a los que sufren por causa de él que les resucitará para vivir con Cristo eternamente y que reinarán con él (Apocalipsis 20.4).

ACTOS DE ADORACION QUE DESAGRADARON A DIOS
En el Antiguo Testamento encontramos varios ejemplos que muestran como Dios se desagrado de su adoración porque ellos no se circunscribieron a lo que Dios demandaba de ellos como adoración.
Caín es el contrapeso de Abel. A diferencia de su hermano, Dios no vio con agrado el corazón ni la ofrenda de Caín. La Biblia no explica porque, pero Dios estimó que la ofrenda de Caín no iba acompañada de una genuina actitud.
Un ejemplo claro y desagradable de adoración abominable lo encontramos en la adopción de prácticas paganas por parte de los israelitas en el éxodo. Mientras Moisés subía al monte Horeb para recibir la ley de Dios, Israel construyó un becerro de oro, y luego le ofrecieron ofrendas de animales y holocaustos. Dios se enojó tanto con el pueblo que prometió destruirlos. De no ser por la intermediación de Moisés, Dios hubiera destruido por completo al pueblo de falsos adoradores (Éxodo 32).
Dios también mostró su desagrado con Saúl, cuando este intentó ofrecer a Dios parte del botín de guerra que Dios había mandado destruir por completo. Suponiendo que las intenciones de Saúl fueran sinceras, cosa poco probable, Saúl no cumplió al pie de la letra lo que Dios había mandado. Dios le quito el reino de las manos (1 Samuel 15.28).
Con Salomón pasó lo mismo, debido a su idolatría, Dios dividió el reino. Finalmente ambos reinos fueron destruidos, Israel por Asiria y Judá por Babilonia. (1 y 2 Reyes).
En los mensajes de los profetas también encontramos llamados de Dios a abandonar la idolatría y volver a la adoración genuina a Dios. Isaías advierte al pueblo de la temible presencia de Jehová (Isaías 2.10, 19, 21). Los israelitas habían mostrado su necedad construyéndose sus propios ídolos (Isaías 44.15, 17; 46.6).
En todas las referencias del profeta Jeremías a la adoración Di9os muestra su desagrado por la infidelidad e idolatría de su pueblo (Jeremías 1.16; 13.10; 16.10-13; 22.8, 9; 25.6; 26.1-6). El pueblo se había acostumbrado a adorar a Dios en el templo, pero a cometer grandes injusticias sociales, pensando que el templo les salvaría de cualquier desgracia (Jeremías 7.1-15). Dios dirigió su desagrado especialmente contra los líderes del pueblo (Jeremías 8.1, 2).
Al profeta Ezequiel Dios le mostró como adoraban al sol en el mismo templo de Dios, también le advirtió del castigo que les aguardaba en el día del juicio (Ezequiel 8.16-18). Dios también advirtió al pueblo que los castigaría con sequías y plagas si no le adoraban en el templo de Jerusalén, por lo menos durante la fiesta de los Tabernáculos (Zacarías 14.16-19).
En el Nuevo Testamento, cuando Herodes pidió a los reyes magos le indicaran el camino para adorar a Jesús, Dios, conociendo sus intenciones, evitó que cumpliera sus malvados planes (Mateo 2.8, 12). A la madre de Juan Y Jacobo, Jesús no le concedió lo que le pedía ya que obedecía a deseos egoístas (Mateo 20.20-23).
Esteban en el Sanedrín (Hechos 7.43), citando al profeta Amós (Amós 5.25-27), acusó a Israel de adorar imágenes y les advirtió de un castigo. Pedro rechazó la adoración que Cornelio intentaba darle, ya que era algo que hubiera ofendido a Dios (Hechos 10.25).
En Apocalipsis nueve de las veinticuatro referencias a la adoración se refieren a la adoración a Satanás, representado en el dragón, la bestia, los demonios o sus imágenes (Apocalipsis 9.20; 13.4, 8, 12; 14.9, 11; 16.2; 19.20). Vez tras vez, Dios advierte a los hombres que demanda una adoración exclusiva, Dios muestra su desagrado  tenaz a cualquier adoración que rinda culto a otro objeto, sea donde sea. Dios selló a los adoradores de la bestia en señal de desagrado (Apocalipsis 14.9) y les privó del descanso eterno (Apocalipsis 14.11).
Luego de cada acto de adoración Dios muestra su agrado o desagrado. Debemos asegurarnos que el procedimiento de adoración sea según las especificaciones de Dios, y debemos estar atentos a la voz de Dios. Dios se expresará de alguna manera, dándonos la certeza de su agrado o desagrado.

IMPORTANCIA DEL MINISTERIO DE LA MUSICA

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO


Al discutir la importancia de la música en la iglesia, se debe considerar el ministerio musical realizado primero en el Templo, y que luego pasó a la sinagoga, y de allí finalmente a la iglesia. Un breve examen del ministerio musical público  en los tiempos bíblicos ofrece lecciones significativas para la música de la iglesia hoy.

1.    LA INSTITUCIÓN DEL MINISTERIO MUSICAL
El libro de Crónicas describe con considerable detalle cómo David organizó el ministerio musical de  los Levitas. Según el primer libro de Crónicas, David organizó el ministerio de música en tres fases. Primero,   él ordenó a los jefes de las familias Levitas que formaran una orquesta y un coro para acompañar el transporte del arca a su tienda en Jerusalén (1 Cron. 15:16-24).  
La segunda fase ocurrió luego de que el arca había sido ubicada seguramente en su tienda en su palacio (2 Cron.   8:11). David hizo arreglos para que se tocase música coral en forma regular en el momento de las diarias ofrendas sobre el altar con  coros en dos lugares diferentes (1 Cron 16:4-6, 37-42). Un coro actuaba bajo la dirección de Asaf frente al arca en Jerusalén (1 Cron 16:37), y el otro bajo la dirección de Hemán y Jedutún frente al altar en Gabaón (1 Cron 16:39-42). 
La tercera fase en la organización que hizo David del ministerio musical ocurrió al final del reino de David cuando el rey planificó un servicio de música más detallado que se realizaría en el templo que Salomón construiría (1 Cron 23:2 a 26:32). David estableció un grupo de 4,000 Levitas como actores potenciales (1 Cron 15:16; 23:5). De este grupo él formó un coro profesional de Levitas de 288  miembros. Los músicos Levitas sumaron más del diez por ciento de los 38.000 Levitas. "Algún tipo de examen probablemente fue necesario para el proceso de selección, ya que la habilidad musical no siempre se hereda".

2.    EL MINISTERIO DE LOS MÚSICOS
Para asegurar que no habría confusión o conflicto entre  el ministerio de los sacrificios de los sacerdotes y el ministerio musical de los Levitas, David cuidadosamente delineó la posición, el rango, y alcance del ministerio de los músicos  (1 Cron 23:25-31). La actuación del ministerio musical estaba subordinado a los sacerdotes (1 Cron 23:28).  
La naturaleza del ministerio de los músicos se describe gráficamente: "…para asistir cada mañana todos los días a dar gracias y tributar alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde; y para ofrecer todos los holocaustos a Jehová los días de reposo, lunas nuevas y fiestas solemnes, según su número y de acuerdo con su rito, continuamente delante de Jehová" (1 Cron 23:30-31).  
El contexto sugiere que los músicos estuvieran (de pie) en alguna parte delante del altar, ya que su actuación musical coincidía con la presentación de la ofrenda quemada. El propósito de su ministerio era  agradecer y alabar al Señor. Ellos anunciaban la presencia del Señor a Su pueblo congregado (1 Cron 16:4),  reafirmándoles Su disposición favorable hacia ellos. 

3.    EL MINISTERIO MUSICAL EXITOSO
El ministerio musical en el Templo tuvo éxito por varias razones  que son pertinentes para nuestra música de iglesia hoy. Primero, los músicos Levitas eran maduros y musicalmente  entrenados. Leemos en 1 Crónicas 15:22 que "Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello". Él llego a ser director de música porque era un músico preparado capaz de instruir a otros. El concepto de habilidad musical se menciona varias veces en la Biblia (1 Sam 16:18; 1 Cron 25:7; 2 Cron 34:12; Sal 137:5). Pablo también alude a élla cuando dice: "...cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" (1 Cor 14:15).
Segundo, el ministerio musical en el Templo tuvo éxito porque sus músicos estaban preparados espiritualmente. Ellos fueron puestos aparte y ordenados para su ministerio como el resto de los sacerdotes. Hablando a los líderes de los músicos Levitas, David dijo: "...Santificaos vosotros y vuestros hermanos... Así los sacerdotes y los levitas se santificaron" (1 Cron 15:12, 14). A los músicos  Levitas se le dio una sagrada misión de ministrar continuamente delante del  Señor (1 Cron 16:37). 
Tercero, los músicos Levitas eran los obreros de tiempo completo. 1 Crónicas 9:33 declara: "También había cantores, jefes de familias de los levitas, los cuales moraban en las cámaras del templo, exentos de otros servicios, porque de día y de noche estaban en aquella obra." Al parecer el ministerio musical de los Levitas trajo consigo  considerable preparación, porque nosotros leemos que " y dejó allí, delante del arca del pacto de Jehová, a Asaf y a sus hermanos, para que ministrasen de continuo delante del arca, cada cosa en su día" (1 Cron 16:37). La lección bíblica es que los ministros de la música deben estar deseosos de trabajar diligentemente en la preparación de la música que se necesita  para el servicio del culto. 
Por último, los músicos Levitas no eran artistas. Ellos eran ministros de la música. "Estos son los que David puso sobre el servicio de canto en la casa de Jehová, después que el arca tuvo reposo, los cuales servían delante de la tienda del tabernáculo de reunión en el canto " (1 Cron 6:31-32). A través de su servicio musical los Levitas "servían (ministraban)" a las personas. En cinco otros casos en el Antiguo Testamento, se dice que los Levitas servían/ministraban a las personas a través de su música (1 Cron 16:4, 37; 2 Cron 8:14; 23:6; 31:2).

4.    EL CORO LEVÍTICO Y EL RITUAL DE SACRIFICIOS
El libro de Crónicas presenta el ministerio  musical  de los Levitas como parte de la presentación de la ofrenda diaria en el Templo. El ritual consistía en dos partes. Primero venia el ritual de la sangre que fue diseñado para expiar por los pecados de la gente a través de la transferencia de la sangre del sacrificio al Lugar Santo (2 Cron 29:21-24). Este servicio creaba la pureza ritual  necesaria para la aceptación de Su pueblo por parte de Dios y la manifestación de Su bendición sobre la congregación. Durante este ritual no se cantaba ningún canto.
La función de la música durante el ritual sacrificial no era ensombrecer o reemplazar el sacrificio en sí, sino preparar el involucramiento de la congregación en ciertos momentos designados durante el servicio. En otros términos, los Israelitas no iban al Templo a oír las bandas de los Levitas actuando en un concierto sacro.  En cambio, ellos iban al Templo para dar testimonio y experimentar la expiación de Dios por sus pecados. La música que acompañaba el sacrificio expiatorio los invitaba a aceptar y celebrar la graciosa provisión de salvación de Dios.

5.    LECCIONES DE LA MÚSICA DEL TEMPLO
La música de la iglesia debe diferir de la música secular, porque  la iglesia, como el Templo antiguo, es la Casa de Dios en que nosotros nos reunimos para dar culto al Señor y no para ser entretenidos. Los instrumentos de percusión que estimulan a las personas físicamente a través de un golpe fuerte y constante son  tan inapropiados  para la música de la iglesia hoy como lo fueron para la música del Templo del Israel antiguo.  
Una segunda lección es que los instrumentos musicales utilizados para acompañar el coro o el canto de la congregación no debe opacar la voz. Como los instrumentos de cuerdas usados en el Templo, los instrumentos musicales    usados en la iglesia hoy deben apoyar el canto. Los instrumentos musicales deben servir como un ayudante de la Palabra de Dios que se canta y se proclama. Esto significa, por ejemplo, que la música del órgano  no debe ser tan fuerte que ahogue la voz de la congregación.
El principio bíblico es que la música instrumental que acompaña el canto debe ayudar a la respuesta  vocal   a Dios y no ahogarla. En los tiempos bíblicos esto era cumplido en mejor forma por el uso de instrumentos de cuerda. Las trompetas y los címbalos fueron usados en el Templo, pero no para acompañar el coro levita. Nada había de malo con estos instrumentos. Ellos simplemente no eran vistos como convenientes para acompañar el canto, probablemente porque ellos no se mezclan bien con la voz humana, fuera de suplantarlo. 

El principio bíblico importante es que la música en la Casa de Dios, tanto instrumental como vocal, debe  respetar y reflejar la santidad del lugar de culto. Cuando se usan instrumentos para acompañar el  canto, ellos deben apoyar la voz humana sin suplantarla.

LA ADORACION GENUINA

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO

INTRODUCCION
El término adoración se aplica a veces a todo en la vida cristiana, y se dice correctamente que todo en nuestra vida debe ser un acto de adoración, y que todo lo que hace la iglesia debe considerarse adoración, porque todo lo que hacemos debe glorificar a Dios. Sin embargo, en este trabajo monográfico no utilizaremos esa palabra en ese amplio sentido. Más bien se usará el término adoración con un significado más específico para aludir a la música y las palabras que los cristianos dirigen a Dios en alabanza, junto con las actitudes entrañables que acompañan esa alabanza, especialmente cuando los cristianos se reúnen. Este trabajo se concentra en las actividades de adoración de la iglesia reunida.

1. DEFINICION Y PROPOSITO DE LA ADORACION
La adoración es la actividad de glorificar a Dios con nuestras voces y corazones en su presencia. En esta definición se dice que adoración es un acto de glorificar a Dios. Pese a que se supone que todos los aspectos de nuestras vidas glorifiquen a Dios, esta definición especifica que la adoración es algo que hacemos especialmente cuando venimos ante la presencia de Dios, cuando estamos conscientes de que lo adoramos en nuestros corazones, y cuando lo alabamos con nuestras voces y hablamos de él de manera que otros puedan oír. Pablo alienta a los cristianos en Calosas: «Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón» (Col 3:16).
Adorar es una expresión directa del máximo propósito de vivir, «glorificar a Dios y gozar de él a plenitud para siempre». Dios habla de sus «hijos» e «hijas», como de «todo el que sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé. (1s 43:6-7). Pablo también utiliza un lenguaje similar cuando dice que «a fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria» (Ef. 1: 12). La Escritura dice aquí y en muchos otros pasajes que Dios nos creó para glorificarlo.
Cuando reflexionamos sobre el propósito de la adoración ello recuerda también que Dios es digno de adoración y las personas no. Aun hubo que decirle al apóstol Juan que no debía adorar a ninguna criatura, ni siquiera a un poderoso ángel del cielo. Cuando él se «postró» a los pies del ángel que le mostró maravillosas visiones del cielo, el ángel le dijo: «¡No, cuidado!»... ¡Adora solo a Dios! (Ap 22:8-9).
Esto es porque Dios es celoso de su propio honor y debidamente busca su propio honor. Él dice: «Yo, el SEÑOR tu Dios, soy un Dios celoso» (Ex 2:5) y ¡No cederé mi gloria a ningún otro! (Is 48: 11). Algo dentro de nosotros debe temblar y regocijarse por este hecho. Debemos temblar de miedo a fin de que no le robemos a Dios su gloria. Debemos regocijamos de que sea justo que Dios busque su propio honor y sea celoso de su propio honor. Los veinticuatro ancianos en el cielo sienten esta reverencia y gozo, pues se postran ante el trono de Dios y rinden sus coronas delante de él cantando: «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas: (Ap 4: 11). Cuando sentimos la absoluta justicia de estar embebido de esto dentro de nosotros mismos entonces tenemos la apropiada actitud del corazón para una adoración genuina.
Porque Dios es digno de adoración y busca ser adorado, todas las cosas en nuestros servicios de adoración deben estar diseñadas y realizadas no para llamar la atención hacia nosotros mismos o darnos gloria, sino para llamar la atención hacia Dios y hacer que las personas piensen sobre él. Sería apropiado que evaluemos de nuevo frecuentemente los distintos elementos de nuestros servicios dominicales -la predicación, la oración pública, la dirección de la adoración, la música especial, la celebración de la Cena del Señor, y aun los anuncios y la ofrenda. Pedro dice que los dones espirituales deben ser usados de forma tal que Dios sea «en todo alabado por medio de Jesucristo» (1 P 4:11).

2. LA ADORACION GENUINA
2. 1. ADORAR EN ESPIRITU Y EN VERDAD
La adoración es una actividad espiritual y debe ser facultada por el Espíritu Santo que obra en nosotros. Esto significa que debemos orar que el Espíritu Santo nos capacite para adorar correctamente. “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que lo adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. (Gn. 4:23-24).
Adorar «en espíritu y en verdad» se entiende que significa no «en el Espíritu Santo», sino más bien «en el ámbito del espíritu, en el ámbito de la actividad espiritual». Esto significa que la verdadera adoración involucra no solo nuestros cuerpos físicos sino también nuestros espíritus, el aspecto inmaterial de nuestra existencia que actúa primariamente en el ámbito de lo invisible.
Debemos damos cuenta que Dios también busca continuamente a aquellos que lo adorarán en lo espiritual y por lo tanto a aquellos cuyo espíritu así como cuerpo y mente adoran a Dios. Tal adoración no es opcional pues aquellos que adoran a Dios «deben hacerlo en espíritu y en verdad». A menos que nuestros espíritus adoren a Dios no estamos adorándolo verdaderamente.

2. 2. SER CONSCIENTE DE LA PRESENCIA DE DIOS
Una actitud de adoración se logra cuando comenzamos a ver a Dios como él es y entonces respondemos a su presencia. Aun en el cielo los serafines que contemplan la gloria de Dios claman: «Santo, santo, santo es el SEÑOR Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria» (Is 6:3). Cuando los discípulos vieron a Jesús caminando sobre el agua, y entonces vieron cesar el viento cuando entró a la embarcación, «los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: "Verdaderamente eres Hijo de Dios"» (Mt 14:33).
Por consiguiente la genuina adoración no es algo auto-generado o que puede desarrollarse dentro de nosotros mismos. Debe ser más bien una efusión de nuestros corazones en respuesta a una toma de conciencia sobre quién es Dios.

2. 3. PREPARACION ESPIRITUAL
Se debe recordar que la adoración es una cuestión espiritual (Gn 4:21-24), y las soluciones fundamentales serán por lo tanto espirituales. Se necesitará mucha oración en preparación para la adoración, especialmente de parte del liderazgo, pidiendo que Dios bendiga los momentos de adoración y se nos manifieste. También las congregaciones necesitarán instrucción sobre la naturaleza espiritual de la adoración y la interpretación del Nuevo Testamento sobre adorar en la presencia de Dios (Heb 12:22-24).
Además, los cristianos necesitan ser alentados a corregir cualesquiera relaciones interpersona1es rotas. Pablo dice que los hombres deben levantar las manos «con pureza de corazón, sin enojos ni contiendas» (1 Ti 2:8), y Jesús nos recuerda que primero debemos reconciliarnos con nuestro hermano, y entonces venir ante el altar de Dios y presentar nuestra ofrenda (Mt 5:24). Juan dice que cualquiera que diga: «Yo amo a Dios» pero odia a su hermano «es un mentiroso» (1 Jn 4:20).
La iglesia entera es responsable de vigilar que no brote ninguna «raíz de amargura» que cause problemas, y que «por ella muchos sean contaminados» (Heb 12: 15), lo que es una indicación de que el pecado y las relaciones rotas entre unos cuantos pueden extenderse a muchos e impedir que las bendiciones de Dios lleguen a toda la congregación.

2. 4. UNA VIDA DE SANTIDAD
Por otra parte, si de verdad vamos a acercarnos a Dios en la adoración, debe haber un afán personal de santidad en la vida. El autor de Hebreos le recuerda a los creyentes que sigan «la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Heb 12:14), y Jesús dice que son «los de corazón limpio» quienes «verán a Dios» (Mt 5:8), una promesa que se cumple parcialmente en esta vida y completamente en la era por venir. Juan dice específicamente en relación con la oración: «Si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios» (l Jn 3:21), pero este principio ciertamente se aplica también a la adoración, al atrevernos a venir ante la presencia de Dios a ofrecerle alabanza. Santiago indica similar preocupación cuando, inmediatamente después de decir: «Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes», añade: “¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón!” (Stg 4:8).

2. 5. EL ESCENARIO FISICO
No obstante el escenario físico y la estructura de los servicios de adoración sí cuentan, pues hay indicios de que Jesús pensó que la atmósfera de la adoración era muy importante. Él «entró en el templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas». Al explicar estas acciones, Jesús insistió en que el templo debía ser una casa de oración, pues dijo: «Escrito está: «Mi casa será llamada casa de oración »; pero ustedes la están convirtiendo en «cueva de ladrones» (Mt 21:12-13).
También le dijo a los creyentes: “Cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en secreto” (Mat 6:6), no solo porque en nuestros cuartos no nos verán los hombres, y no oraremos para recibir gloria de los hombres, sino también porque saber que otros nos observan en nuestras oraciones distrae con facilidad nuestra atención, de manera que entonces en parte oramos para que nos escuchen los demás o por lo menos para no ofenderlos. Esto no significa que la adoración y la oración en grupo están prohibidas (pues ambas son muy notorias tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento), pero dice que debemos escoger un sitio para la oración y la adoración que evite lo más posible las distracciones. Esto concuerda con el hecho de que la adoración debe hacerse de forma ordenada, “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Co 14:33).
La atmósfera y el estado de ánimo de la adoración son importantes, porque debemos servir a Dios “agradándole con temor y reverencia” (Heb 11 :28). Esto significa que es apropiado reunirse como iglesia en un sitio que contribuye a la adoración, una adoración que de ordinario es privada y libre de distracción, que da la oportunidad de centrar la atención en el Señor.

2. 6. EL CULTO CONGREGACIONAL
El canto es especialmente importante en la adoración tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En nuestros días ha ocurrido un cambio notable tanto en el castellano estándar que la gente habla como en las formas musicales con las que la gente está familiarizada, y las iglesias necesitan hablar y planificar abierta y honestamente a fin de encontrar una mezcla de canciones que puedan cantarse bien por toda la congregación, y con las que las personas puedan identificarse genuinamente como un vehículo para expresar su alabanza a Dios. Canciones que se dirijan a Dios directamente en segunda persona (esto es, hablarle a Dios como “tú”) en lugar de hablarle como “él” serán a menudo especialmente efectivas como cánticos de adoración, aunque los Salmos demuestran que ambos tipos de canciones agradan a Dios.
Además, es importante apartar suficiente tiempo para los varios aspectos de la adoración colectiva. La oración genuina puede ciertamente tomar tiempo (Lc 6: 12; 22:39-46; Hch 12: 12; 13:2). Así mismo, una sólida enseñanza bíblica puede a menudo requerir un tiempo prolongado (Mt 15:32; Hch 20:7-11). Por otra parte, una adoración y alabanza genuinas y sentidas también requerirán bastante tiempo para ser efectivas.
Esto es cierto en parte porque los diferentes aspectos de un culto de adoración requieren diferentes actitudes y estados mentales. Escuchar una enseñanza bíblica requiere atención hacia el texto y el maestro. La alabanza requiere gozo y concentrarse en el Señor y su grandeza. Las oraciones en las que se hacen súplicas requieren centrarse en el sacrificio de nosotros mismos al Señor así como en ofrendarle de nuestras posesiones y encomendarle que provea para nuestras necesidades.
La Cena del Señor requiere un tiempo de reflexión, autoexamen, y quizá arrepentimiento, junto con acción de gracias. Pero podemos tener todas estas actitudes de una vez, porque somos finitos. Se requiere tiempo para lograr y sostener diferentes actitudes mentales. Por esa razón es imposible cumplir todas las tareas necesarias para una congregación reunida simplemente en una hora el domingo por la mañana, y es dañino hasta intentarlo. Aquellos que tratan de hacerlo todo en un tiempo breve lo abarrotan demasiado y no hacen nada bien.
Si las congregaciones han de lograr los varios propósitos para los cuales Dios quiere que se reúnan, y especialmente para tener momentos prolongados de adoración reverente, probablemente necesitarán encontrar soluciones creativas que les permitan reunirse durante períodos más largos de tiempo, y omitir o programar de nuevo algunas actividades que se han convertido en habituales o tradicionales los domingos por la mañana pero que en realidad no son necesarias.

3. RESULTADOS DE LA ADORACION GENUINA
3.1. NOS DELEITAMOS EN DIOS
Dios nos creó no solo para glorificarlo sino también para gozamos en él y deleitamos en su excelencia. Probablemente experimentamos el deleite en Dios más plenamente en la adoración que en ninguna otra actividad de esta vida. David confiesa que lo «único» que él buscará sobre todo lo demás es «habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo» (Sal 27:4).
La iglesia primitiva conoció ese gozo en la adoración, pues “no dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando la estimación general del pueblo”. (Hch. 2:46). De hecho, inmediatamente después de la ascensión de Jesús al cielo, los discípulos “regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios”. (Lc. 24:52-53)
Por supuesto, esa actividad de continua adoración no puede durar para siempre en esta era, porque vivir en un mundo caído requiere que dediquemos tiempo a muchas otras responsabilidades también. Pero una alabanza continuada nos permite saborear de antemano la atmósfera del cielo, donde las cuatro criaturas vivientes «repetían sin cesar: «Santo, santo, santo, es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir» (Ap. 4.8).

3. 2. DIOS SE DELEITA EN NOSOTROS
La asombrosa verdad de la Escritura es que mientras la creación glorifica a Dios, él también se deleita en ella. Cuando Dios hizo al principio el universo, miró a todo ello con deleite, y «consideró que era muy bueno» (Gn. 1:31). Dios se deleita especialmente en el ser humano que ha creado y redimido. Isaías le recordó al pueblo del SEÑOR:
“Serás en la mano del SEÑOR como corona esplendorosa...
Serás llamada «Mi Deleite»...
porque el SEÑOR se deleitará en ti ...
como un novio que se regocija con su novia;
así tu Dios se regocijará por ti”. (Is. 62:3-5)
Esta verdad debe traernos un gran aliento, pues mientras amamos a Dios y lo adoramos nos damos cuenta que llevamos gozo y deleite a su corazón.

3. 3. NOS ACERCAMOS A DIOS
Esta es la asombrosa realidad del culto del Nuevo Pacto. En el viejo pacto los creyentes solo podían acercarse a Dios de una manera limitada a través de las ceremonias del templo; de hecho, la mayor parte del pueblo de Israel no podía entrar al mismo templo, sino tenía que quedarse en el patio. Aun los sacerdotes sólo podían entrar a la parte exterior del templo, el «Lugar Santo», cuando ello le era asignado. Pero a la parte interior del templo, el «Lugar Santísimo » nadie podía entrar excepto el sumo sacerdote, y solo una vez al año. (Heb. 9:1-7).
Ahora, bajo el nuevo pacto, los creyentes tienen el asombroso privilegio de ser capaces de entrar directamente al Lugar Santísimo en el cielo cuando adoran. «Mediante la sangre de Jesucristo, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo» (Heb. 10.19). Como tenemos libertad para entrar a la misma presencia de Dios, el autor de Hebreos nos alienta: «Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe» (Heb. 10.22). La adoración en la iglesia del Nuevo Testamento no es una simple práctica para alguna posterior experiencia celestial de adoración, ni fingimiento, ni prácticas superficiales. Es una adoración genuina en la presencia del mismo Dios, y cuando adoramos llegamos delante de su trono.

3. 4. DIOS SE ACERCA A NOSOTROS
Santiago nos dice: «Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros» (Stg. 4:8). Esta ha sido la norma de los tratos de Dios con su pueblo a lo largo de la Biblia, y debemos estar confiados que ello será verdadero hoy también.
En el Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Dios comenzó a alabarlo en la dedicación del templo, él descendió y se manifestó en medio de ellos: Los trompetistas y cantores alababan y daban gracias al SEÑOR al son de trompetas, címbalos y otros instrumentos musicales. Y cuando tocaron y cantaron al unísono: «El SEÑOR es bueno; su gran amor perdura para siempre», una nube cubrió el templo del SEÑOR. Por causa de la nube, los sacerdotes no pudieron celebrar el culto, pues la gloria del SEÑOR había llenado el templo. (2 Cr. 5: 13-14).
Si bien esto solo habla de un incidente específico, no parece equivocado suponer que Dios dará a conocer su presencia entre su pueblo en otros momentos, cuando quiera que le agrade la alabanza que ellos ofrecen (aunque no venga en forma de una nube visible). David dice: «Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!» (Sal. 22:3).

3. 5. DIOS NOS MINISTRA
Aunque el propósito primario de la adoración es glorificar a Dios, las Escrituras enseñan que en la adoración también nos ocurre algo: nosotros mismos somos construidos o edificados. Por supuesto, hasta cierto punto eso sucede cuando escuchamos las enseñanzas que la Biblia ofrece o las palabras de aliento que otros nos dirigen. Pablo dice: «Todo esto debe hacerse para la edificación» (1 Co. 14:26), y dice que debemos animamos «unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales» (Ef. 5:19).
Pero además de la edificación que viene del crecimiento de la comprensión de la Biblia y de escuchar las palabras de aliento de otros, hay otro tipo de edificación que tiene lugar en la adoración: Cuando adoramos a Dios, él se encuentra con nosotros y nos ministra directamente, fortaleciendo nuestra fe, intensificando nuestra conciencia de su presencia, y concediendo refrigerio a nuestros espíritus. Pedro dice que mientras los cristianos vienen continuamente a Cristo (en adoración, oración y fe), son «edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo: (1 P. 2.5).

3. 6. LOS ENEMIGOS DEL SEÑOR HUYEN
Cuando el pueblo de Israel comenzó a adorar, a veces Dios lucharía por ellos contra sus enemigos. Por ejemplo, cuando vinieron contra Judá los moabitas, los edomitas y los sirios, el rey Josafat mandó al coro que alababa a Dios delante del ejército. Josafat designó a los que irían al frente del ejército para cantar al SEÑOR y alabar el esplendor de su santidad... Tan pronto como empezaron a entonar este cántico de alabanza, el SEÑOR puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte del Seir que habían venido contra Judá, y los derrotó. (2 Cr. 20:21-22).
De manera similar, cuando el pueblo de Dios lo adora hoy en día, debemos esperar que el Señor combatirá las fuerzas demoníacas que se oponen al evangelio y las haga huir.

3. 7. LOS NO CREYENTES SABEN QUE ESTÁN EN LA PRESENCIA DE DIOS
Aunque la Escritura no hace énfasis en la evangelización como el objetivo primario cuando la iglesia se reúne a adorar, Pablo dice a los corintios que piensen en los no creyentes y los de afuera que vienen a sus servicios, para estar seguros que los cristianos hablan de manera comprensible (1 Co. 14:23). También les dice que si el don de profecía funciona adecuadamente, de vez en cuando los secretos del corazón del incrédulo se manifestarán, y este caerá sobre su rostro y «adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros (1 Co. 4:25).

CONCLUSIONES 
La adoración es la actividad de glorificar a Dios con nuestras voces y corazones en su presencia. En esta definición se dice que adoración es un acto de glorificar a Dios. Pese a que se supone que todos los aspectos de nuestras vidas glorifiquen a Dios, esta definición especifica que la adoración es algo que hacemos especialmente cuando venimos ante la presencia de Dios, cuando estamos conscientes de que lo adoramos en nuestros corazones, y cuando lo alabamos con nuestras voces y hablamos de él de manera que otros puedan oír.
Porque Dios es digno de adoración y busca ser adorado, todas las cosas en nuestros servicios de adoración deben estar diseñadas y realizadas no para llamar la atención hacia nosotros mismos o darnos gloria, sino para llamar la atención hacia Dios y hacer que las personas piensen sobre él.
La adoración es una actividad espiritual y debe ser facultada por el Espíritu Santo que obra en nosotros. Esto significa que debemos orar que el Espíritu Santo nos capacite para adorar correctamente. Una actitud de adoración se logra cuando comenzamos a ver a Dios como él es y entonces respondemos a su presencia.
Si las congregaciones han de lograr los varios propósitos para los cuales Dios quiere que se reúnan, y especialmente para tener momentos prolongados de adoración reverente, probablemente necesitarán encontrar soluciones creativas que les permitan reunirse durante períodos más largos de tiempo, y omitir o programar de nuevo algunas actividades que se han convertido en habituales o tradicionales los domingos por la mañana pero que en realidad no son necesarias.
Dios nos creó no solo para glorificarlo sino también para gozamos en él y deleitamos en su excelencia. Probablemente experimentamos el deleite en Dios más plenamente en la adoración que en ninguna otra actividad de esta vida. Ahora, bajo el nuevo pacto, los creyentes tienen el asombroso privilegio de ser capaces de entrar directamente al Lugar Santísimo en el cielo cuando adoran.
Aunque el propósito primario de la adoración es glorificar a Dios, las Escrituras enseñan que en la adoración también nos ocurre algo: nosotros mismos somos construidos o edificados.

BIBLIOGRAFIA
·                    Bartley, James (2003). La adoración que agrada al Altísimo. El Paso, Mundo Hispano.
·                    Grudem, Wayne (2007). Teología sistemática. Miami, Vida.
·                    Herrington, Russell (2003). Cómo planificar los cultos de adoración. El Paso, Mundo Hispano.
·                    Nelson, Eduardo (2003). Que mi pueblo adore. El Paso, Mundo Hispano.
·                    Piper, John (2001). Sed de Dios. Barcelona, Andamio.