martes, 8 de septiembre de 2015

LOS MÉTODOS DE ENSEÑANZA EN LA ESCUELA DOMINICAL

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO

INTRODUCCION
Los métodos de enseñanza son medios poderosos para alcanzar los propósitos de la educación cristiana.  Permiten orientar los esfuerzos del maestro cristiano al planificar, ejecutar y evaluar sus lecciones, y todo el proceso de enseñanza – aprendizaje en general.
Así, es importante que el maestro haga una elección cuidadosa de dichos métodos para brindar la mejor experiencia posible de enseñanza a sus alumnos. La elección y utilización de los métodos de enseñanza obedecen a la rama de la didáctica. Esta enseña las mejores prácticas posibles al momento de enseñar alguna competencia al alumno.
El maestro cristiano no debe ser ajeno a esta disciplina, ni a disfrutar de sus beneficios al ver cómo sus alumnos aprenden y alcanzan los objetivos trazados gracias al buen uso de los mejores métodos de enseñanza.
El presente trabajo monográfico presenta algunos métodos de enseñanza útiles para la educación cristiana obedeciendo a los medios que se utilicen para su implementación en el aula de clases. A saber, métodos visuales, narrativos,  expositivos  y participativos.

1.      MÉTODOS VISUALES
1.1. LECCION OBJETIVA
Una lección objetiva es una demostración de objetos materiales para enseñar, ilustrar o dar realce a una verdad espiritual. La forma más sencilla de la lección objetiva es presentar el objeto natural llamando la atención a sus características y dando su aplicación a lo espiritual. En la Biblia vemos que Cristo usó la lección objetiva al señalar los lirios, los campos blancos, a un niño que puso en medio de la gente, las redes, el yugo, y el agua que una mujer estaba sacando del pozo. De la forma más natural Cristo usaba en sus enseñanzas lo que estaba a la vista. Otros ejemplos que pueden usarse en una lección objetiva pueden ser, fruta para ilustrar la lección sobre cómo llevar mucho fruto (Juan 15:1-8); un espejo, lámpara o martillo para ilustrar lo que es la Palabra de Dios (Santiago 1:23-25; Salmo 119:105); o una mazorca de maíz para ilustrar las leyes de la cosecha (Gálatas 6:7-9).

El uso de objetos alegóricos se utiliza para representamos una cosa con otra. Por ejemplo, un corazón de papel con una mancha en el medio representa el pecado. Se les da significado a los colores y se los usa en el desarrollo de la lección. Una cruz puede representar la muerte expiatoria de Cristo, o la salvación.

Otra posibilidad es la experimentación con objetos. El realizar experimentos con objetos es un método pertinente para alumnos de toda edad; se puede usar con buenos resultados en toda la Escuela Dominical, o en la Escuela Bíblica Vacacional. Muchas de las profecías de Ezequiel se presentaron de esta manera (Ezequiel 5:1-4, 12; 12:3-12) Una capa nueva rota en doce pedazos (1Reys 11:29-31); los yugos de Jeremías (cap.27); y el cinto con que Agabo se amarró para profetizar sobre el encarcelamiento de Pablo (Hechos 21:10-11), son otros ejemplos.

Hay que tener en cuenta ciertas reglas al momento de usar lecciones objetivas. Primero, se debe permitir que el alumno toque el objeto y tome parte en la demostración cuando sea práctico.  Así recordará mejor la lección. No se debe olvidar que el alumno aprende mucho por el tacto. También hay que evitar que la lección sea muy complicada, en los muchos detalles puede perderse el pensamiento principal. Deben evitarse los trucos,  todos se ponen a pensar en cómo lo habrá hecho el maestro, lo cual le resta interés al mensaje y a la aplicación. Tal resultado es un fracaso porque el propósito no es entretener sino esclarecer. Finalmente, es recomendable que los alumnos no vean los objetos antes de la presentación de la lección. Si los ven, ya no les parecerá tan interesante.

1.2. CUADROS Y MAPAS
Hay mucha literatura de la Escuela Dominical que trae cuadros bíblicos, algunos de ellos en colores. Al maestro le corresponde usar sano juicio para aprovecharlos de la mejor manera. También puede hacer sus propios cuadros con cartulinas. La cartulina tiene una variedad de usos. Es un material relativamente barato y viene en diferentes colores, tamaños y grosores. Se pueden hacer carteles, dibujos, se puede usar como tablero, para hacer trabajos manuales o cuadros para adornar la clase.

El franelógrafo también es un recurso de elección. Es un tablero cubierto de franela sobre el cual se hace la presentación de la lección mediante figuras, cuadros o escenas. Las figuras se adhieren al tablero, y sea por la clase de papel o porque se les ha pegado en el dorso franela o papel de lija. Con el franelógrafo se pueden ilustrar historias al narrarlas y se pueden ilustrar la lección con figuras simbólicas.

La enseñanza bíblica de los mapas es un magnífico complemento. Tienen varios usos. Por ejemplo, para realzar los acontecimientos bíblicos. Si las historias bíblicas como David y Goliat no se presentan como un acontecimiento que ocurrió en un lugar específico, se convierten en historias como caperucita roja. Pero el señalar en el mapa el lugar exacto, hace sentir a los alumnos que los personajes bíblicos en verdad existieron, que eran reales sus luchas y sus triunfos, y que el Dios que les ayudó nos ayudará a nosotros también.
Los mapas también sirven para aclarar las condiciones que existían en los tiempos bíblicos. ¿Cómo puede uno formarse una buena idea de la conquista de Palestina, los cautiverios, el retorno a Jerusalén, los viajes de Jesús, y las misiones de Pablo si no les enseñamos a través de los mapas? Los mapas también ilustran verdades espirituales. Los viajes misioneros de Pablo nos ilustran su pasión por las almas. El viaje de Abraham es un monumento a la fe. Hay muchas experiencias de los personajes bíblicos que se pueden ilustrar con mapas. Por ejemplo, para estimular el espíritu misionero, el espíritu misionero es una parte vital del evangelio. Un mapa del país es bueno para indicar las partes evangelizadas y las que no lo están. Un mapa del mundo aumentará el interés en la obra misionera.

1.3. USO DE LA PIZARRA Y PROYECTORES
No es suficiente, para captar el interés del alumnado, tomar una tiza y ponerse junto a una pizarra. Para despertar el interés, mantenerlo y hacer una obra eficaz, hay que usar la pizarra a menudo y de forma intencional. Por ejemplo, se puede solicitar la ayuda de un alumno que haga los apuntes en la pizarra según se le indique. Así el maestro no tiene que dar la espalda a la clase, y puede darle toda su atención.

En líneas generales, la pizarra sirve para presentar peticiones de oración, anuncios de cultos especiales, la lección y el texto para memorizar, un buen texto bíblico, un tema especial, un programa de trabajo, una lista de alumnos para ser visitados, preguntas para el estudio, listas, comparaciones y contrastes, para ilustrar lecciones, para la enseñanza de memorización, entre muchos otros usos.  Lo anotado facilita el aprendizaje. Leer lo invisible les encanta a los alumnos.

Con respecto a los medios tecnológicos, hay magníficos medios modernos para enseñar las grandes verdades del evangelio. Por ejemplo, diapositivas, películas y videos. Los medios audiovisuales abren millares de puertas para entrar en los hogares con la enseñanza bíblica. Un mensaje ilustrado de manera convincente y eficaz puede ser grabado y filmado para ser reproducido muchas veces por videos en distintos lugares. También las películas y las diapositivas han demostrado ya su valor educativo en la Escuela Dominical, en la iglesia, en campañas de evangelismo, y en campos blancos donde los evangelistas han introducido la Palabra de Dios.

2. MÉTODOS EXPOSITIVOS
2.1. EL METODO EXPOSITIVO
En el método expositivo, o de discurso, el maestro presenta y explica la lección y la clase meramente escucha. Este método no requiere preparación previa de parte de los alumnos, ni su participación de ninguna manera en el desarrollo de la lección. Lo único que se les pide es su interés y atención. Pero, a menos que el maestro sea hábil y elocuente algunos se distraerán o perderán el interés.

Se ha probado que una persona adquiere el siete por ciento de sus conocimientos por el oído y el ochenta y siete por ciento mediante la vista. También el oído es muy deficiente en cuanto a grabar en la mente lo escuchado. Uno recuerda el cincuenta por ciento de lo que ve y sólo el diez por ciento de lo que oye. A pesar de esto el método de discurso es el más usado. Cuando es usado solo resulta ser el menos eficiente de los métodos de enseñanza.

El hecho de que se use tanto a pesar de su ineficacia, en algunos casos, es porque el maestro no conoce otra manera de enseñar; en otros casos, es que el maestro ha preparado un estudio tan completo y detallado que necesita todo el tiempo para desarrollarlo. Indudablemente, se puede presentar más material así; pero difícilmente será asimilado por los alumnos. Pero la gran mayoría de las veces se usa porque el preparar la lección bien con ilustraciones, preguntas, ayudas visuales, temas para discusión, y cosas por el estilo, cuesta demasiado trabajo. Hace falta que el gran Maestro grabe en el alma de todo maestro de la Escuela Dominical las palabras: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11).

El método expositivo puede usarse en combinación con el método narrativo. El uso de anécdotas, experiencias propias e historias bíblicas, aclara los puntos doctrinales y resulta más interesante el discurso. También se puede usar preguntas. Si es tan grande la clase que es imposible hacer preguntas a los alumnos individualmente, a lo menos se puede dirigir la pregunta al grupo entero y conseguir que piensen. También se puede combinar con la participación del alumno pidiéndoles que busquen y lean textos, que hagan apuntes, que subrayen textos, que encuentren cierto lugar en el mapa, etc. Tampoco hay que negarles a los alumnos el privilegio de hacer comentarios.

2.2. EL METODO NARRATIVO
El método narrativo es la enseñanza mediante historias. Cristo, el mejor de todos los maestros, lo usó con frecuencia, y también lo usaban los profetas para dar mayor fuerza y claridad a sus mensajes. Este método despierta el interés. Una clase puede estar soñolienta y aburrida, o distraída e intranquila; pero tan pronto como el maestro comience a relatar con vivo interés una historia puede contar con la atención de los alumnos.

Las narraciones aclaran y dan fuerza al argumento. No hay nada como una anécdota bien escogida y bien relatada para remarcar un punto. Por lo general, los alumnos olvidarán la exposición dada; pero recordarán la ilustración y luego la verdad que ella encierra. Las historias conmueven los sentimientos. No basta meramente saber que es cierto lo que dice el maestro, uno tiene que sentirlo para estar plenamente convencido. David sabía que había pecado en el asunto de Betsabé; pero parece que no sentía remordimiento. Luego, conmovido por la historia que Natán le relató, David se enojó contra el rico que le quitó al pobre su única oveja, y lo jugó digno de muerte. Luego vino la aplicación: “Tú eres aquel hombre” El rey, redargüido y consciente por primera vez de la enormidad de su pecado, buscó a Dios en sincero arrepentimiento.

Las narraciones también moldean los ideales, afectan el carácter e influyen en las acciones. Eso sucede por medio de los sentimientos despertados. La experiencia ha mostrado que la dramatización de algún asunto mediante las películas y la televisión es un factor poderoso en la conducta de la gente.

Todas las lecciones en las clases de los párvulos, principiantes y primarios pueden ser presentadas en forma narrativa. Si estudian la misma lección que los adultos y se trata de algún punto doctrinal, se puede relatar una historia que ilustre esa verdad, adaptándola así a su conocimiento e interés. Por ejemplo, si la lección es acerca de la humildad, se puede relatar la historia de Jesús sometiéndose a sus padres, o la de Jesús lavándoles los pies a los discípulos.

Al momento de escoger la historia, se debe tener en cuenta que esta debe ser de interés para los alumnos, debe tener relación con el contexto de los alumnos, debe inspirar el sentimiento e influir en sus conductas, además de tomar en cuenta la ocasión de las fechas especiales. Al preparar la historia, se debe pedir la dirección del Espíritu Santo, escogiendo bien el propósito de la lección, estudiar el material complementario de la lección y tratar de que la historia tenga una trama completa.

Al momento de relatar la historias, se debe hablar con claridad, desarrollando la acción de la historia, haciendo pausas ocasionales, siendo dramático cuando el texto lo amerite, mirando directamente a los alumnos, adaptando el vocabulario usado a la audiencia, tratando de no mirar mucho las notas ni sermonear, siendo fiel a la historia y no ocultando los olvidos ocasionales. Finalmente, se debe buscar la aplicación de la historia a la vida de los alumnos con la dirección de Dios.

3. MÉTODOS PARTICIPATIVOS
3.1. LA PARTICIPACION DEL ALUMNO
La importancia de la participación del alumno durante la lección es vital. Cuando el alumno participa, resulta más interesante la lección para él. El simple cambio de voz da nuevo interés. Muchas veces el comentario de un alumno presenta una verdad preciosa que el mismo maestro no había observado en el texto que estudian. También contribuye a una mejor atención. Al saber que en cualquier momento puede ser llamado para contestar una pregunta o darán comentario, el alumno presta mejor atención. Algunos maestros tienen tanto que decir que no hay tiempo para que los alumnos tomen parte; pero si los alumnos no están prestando atención, de nada sirve hablar tanto.

La participación de los alumnos aclara la verdad en su mente.  En Las siete leyes de la enseñanza se dice: “El discípulo ha de reproducir en su mente la verdad que ha de aprender. Anímese a los alumnos a que aclaren y refresquen sus conocimientos mediante una clara exposición de ellos.” La participación desarrolla la mente, el ejercicio fortalece la memoria y le enseña a ser pensador. Enseña al alumno a ser investigador. Su parte en la presentación le enseña a buscar la evidencia, saber la razón de las cosas; qué es lo que cree y porqué lo cree. Sabrá dar razón de la esperanza que tiene dentro de sí, y será un creyente más firme que el que acepta todo sólo porque el maestro lo dijo.  También desarrolla su percepción espiritual. El que tiene que explicar en clase el significado espiritual de un texto aprende a buscar el significado en su lectura bíblica devocional y halla con más facilidad el mensaje especial que la Palabra de Dios encierra para él.

La participación le enseña al alumno a aplicar a sus problemas las verdades aprendidas. No tendrá a su lado en todo momento al maestro de la Escuela Dominical para aconsejarle; pero, si ha aprendido a encontrar la solución para sus problemas en la Biblia y ha sido guiado a un conocimiento personal del Salvador, no le faltará la presencia del Maestro Divino para encaminarle. También hace más amistoso el ambiente de la clase. El intercambio de ideas hace que los alumnos se conozcan mejor. El maestro toma su lugar entre ellos como un investigador y no se porta como un sabelotodo impaciente por toda interrupción. Los alumnos le toman más cariño y respetan más sus consejos. Combate el recelo. Los tímidos van venciendo su miedo y aprenden con más libertad.

También prepara al cristiano para el servicio del Señor. El alumno se acostumbra a expresarse en forma lógica y ordenada y a explicar el significado de los textos bíblicos. Le es más fácil dar su testimonio, enseñar una clase o dirigir una reunión, debido a que ha participado en comentarios e intercambios de ideas en la clase de la Escuela Dominical. El noventa y cinco por ciento de los pastores y misioneros vienen de la Escuela Dominical.

Fomentar la participación de los alumnos en clase también tiene un valor para el maestro. Este llega a conocer mejor a sus alumnos. Cuando los alumnos toman parte en la presentación, el maestro se entera de sus opiniones. Eso le sirve para adaptar la enseñanza a las necesidades de ellos. El maestro puede observar sus intereses, conocimientos y problemas. Sabe así si el alumno entiende o no lo explicado. Cuando les permite a los alumnos hacer comentarios y preguntas, el maestro puede aclarar los puntos que necesitan mejor explicación. También descubre las impresiones erróneas y las puede corregir.

3.2. LECTURA Y DEBATES
En muchas escuelas dominicales, el profesor lee un versículo y la clase lee el próximo. O los chicos leen un versículo y las chicas otro. Esta es una forma de involucrar a los alumnos. En la lectura de los textos. El maestro puede asignar a los alumnos los textos que han de leer, dándoles a los alumnos nuevos los más fáciles de encontrar y ayudándoles si es necesario. Es importante que vean por sí mismos lo que dice la Biblia y vayan familiarizándose con ella. Cuando se van a leer buen número de textos, se pueden asignar todos a la vez para que los alumnos puedan buscarlos sin demora y tenerlos listos para leer en el momento oportuno en el desarrollo de la lección.

Cuando los alumnos conocen la Biblia se puede dar la referencia diciendo: “El primero que lo encuentre, léalo”. Estos ejercicios en el uso de la Biblia, haciéndoles buscar así un buen número de textos, adiestran a los alumnos en su uso. El apuntar en papelitos los textos que se van a usar en el desarrollo de la lección y repartirlos de un domingo para otro, ayuda a los alumnos a sentir su responsabilidad de estar presentes.

En el caso del debate, los que toman parte deben prepararse con bastante anticipación. Su éxito depende del ambiente en que se lleva a cabo. Hay dos clases de debates que serían provechosos en las clases juveniles, los doctrinales y temas de actualidad. Los doctrinales sirven para aprender a contestar a nuestros adversarios. Por ejemplo, la Biblia frente a la evolución, la oración a los santos frente a la oración a Dios, o la confesión al sacerdote frente a la confesión a Dios. Los temas de actualidad sirven  para mostrar la importancia de distintos aspectos de la obra del Señor. Por ejemplo, qué es más importante, la literatura evangélica o la predicación, la fe o las obras, o la obra misionera frente a la edificación de la iglesia local.

La mesa redonda es una variante de los debates, se asigna a un grupo de unos cuatro o cinco alumnos el desarrollo de un tema, se sientan en una mesa delante de la clase e intercambian ideas sobre los distintos aspectos del tema. Este método se presta para temas doctrinales. Es de especial valor en la aplicación de las verdades bíblicas a los problemas reales de la vida. Por ejemplo, la actitud del cristiano frente a la Nueva Era.

Al usar debates o mesas redondas se deben tener en cuenta algunos elementos. Por ejemplo, procurar que todos tomen parte, haciendo lo posible por animar a los más tímidos a participar. No permitir que uno o dos monopolicen el tiempo, se corre el peligro que los más intrépidos sean los únicos que participen con comentarios. Evítense las discusiones acaloradas. Cuando hay debate, esas discusiones sólo resultan en disgustos. Si hay diferencia de opiniones, es mejor guiar siempre a los alumnos hacia el veredicto de la Palabra.

Se debe enseñar a sus alumnos a ser tolerantes y no dogmáticos. Deben ver que hay muchas cosas en la Biblia que se interpretan de distintas maneras y no se puede saber a ciencia cierta cuál es la interpretación correcta de algunos pasajes. No se debe permitir que ocupen mucho tiempo hablando de cosas de poca importancia. Cada minuto de la Escuela Dominical es precioso y debe usarse con prudencia. No se debe esperar hasta el fin de la clase antes de pedir comentarios. Como ya se vio, eso desanima a algunos alumnos. También se debe permitir que los niños puedan interrumpir con sus comentarios, buscando relacionarlos con la lección.

CONCLUSIONES
Los métodos  de enseñanza son parte fundamental de la didáctica de todo maestro. Este debe ser consciente de ello y buscar las mejores prácticas didácticas al momento de planificar, ejecutar y evaluar sus lecciones. Los métodos visuales como las lecciones objetivas, o el uso de cuadros y mapas, permiten al alumno ver de una manera más viva y cercana algunos conceptos y verdades espirituales abstractas y difíciles de entender por la simple explicación declarativa. Su uso es válido para todas las edades y son de mucho provecho al momento de crear y mantener el interés y atención del alumno por un tiempo prolongado.

Los métodos expositivos son los más usados, aunque no siempre son los más eficaces si no se usan en combinación con otros métodos. Tanto la exposición como la narración de historias tienen un gran valor en la didáctica si son usados sabiamente y con intencionalidad. Los métodos participativos involucran la participación de los alumnos a través de las lecturas y los debates. Estos son útiles si son preparados con tiempo y son ejecutados bajo ciertas especificaciones para su buen fin.

BIBLIOGRAFIA
· Cómo enseñar en la escuela dominical. Tomado el 17.05.14 de http://www.mbcb.org/download/esp/formaci%C3%B3n/Como%20-%20EB%20-%20Ni%C3%B1os.pdf
·  Ford, LeRoy (1991). Modelos para el proceso de enseñanza – aprendizaje. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones.
· La visión instrumentalista de la educación. Tomado el 17.05.14 de http://www.iglesiareformada.com/VanTil_Instr_Educ.pdf
· Técnicas educativas para la escuela bíblica. Tomado el 17.05.14 de http://www.eldiscipulo.org/pdf/eb2.pdf
·  Willis, Wesley (1996). La enseñanza eficaz. México: Las Américas.

LA PREPARACIÓN DEL MAESTRO CRISTIANO

EDUARDO VÁSQUEZ CARRASCO




INTRODUCCIÓN
El presente trabajo de investigación bibliográfica trata sobre la preparación del maestro cristiano. Con el término preparación se da a entender las capacidades y habilidades que todo maestro cristiano necesita, en el ejercicio de su ministerio, para poder ser efectivo en dicha labor.

Asimismo, se presenta la preparación del maestro cristiano desde dos áreas. La preparación desde el área espiritual y desde el punto de vista técnico. Se describe cada área y analiza el tipo de relación que debería haber entre ambas, en el ejercicio ministerial del maestro cristiano. ¿Son áreas complementarias, la espiritual y la técnica? ¿Una actúa en desmedro de la otra? ¿Utilizar una significa renunciar a los principios rectores de la otra? ¿Tratándose del ministerio del maestro cristiano, solo es necesaria la preparación espiritual? ¿Qué de las posturas  “espiritualistas” y “profesionalistas” que adoptan muchos maestros cristianos?

Se intentará dar respuesta a éstas y otras preguntas. En resumen, se estudiará la necesidad de desarrollar ciertas cualidades y habilidades que el maestro cristiano precisa para la labor de su ministerio. Asimismo, se agruparán estas habilidades y cualidades en dos grandes áreas, la espiritual y la técnica. Finalmente, se analizará la relación que ambos grupos de habilidades deben guardar entre si en el marco del ministerio cristiano de enseñanza en la iglesia.


1.  LA PREPARACIÓN ESPIRITUAL DEL MAESTRO CRISTIANO
El maestro cristiano se diferencia de otros maestros o profesores en que desempeña una labor sagrada. El maestro cristiano ejerce su ministerio en el marco de la iglesia y por lo tanto su labor es eminentemente de carácter espiritual.

Esto significa que, no solamente sus propósitos, sino también su tarea completa deben estar revestidos del carácter espiritual que la Biblia le demanda. En tal sentido, la preparación espiritual del maestro cristiano es fundamental y no debe dejar de recalcarse.

Debido al grado de sofisticación que el ejercicio ministerial del maestro cristiano ha alcanzado (con aulas, clases de escuela dominical, listas de asistencia, pizarras, material auxiliar, horarios, etc.) éste podría olvidar que su tarea tiene un carácter y un propósito primordialmente espiritual, es decir, formar almas a imagen de Cristo.

El maestro cristiano, como su nombre lo indica, es un creyente en Cristo, miembro del cuerpo de Cristo, que ha recibido el llamado soberano de Dios al ministerio cristiano. Por lo tanto, su labor entera (preparación, propósitos, etc.) debería estar guiada por los mismos principios bíblicos que guían otros ministerios cristianos como el pastorado y la labor misionera o evangelística.

El maestro cristiano debería tener en mente evitar el profesionalismo en su labor docente y renovar el compromiso interno que le demanda la tarea sagrada a la que Dios le ha llamado. Para tal fin, el maestro cristiano debería tener en mente la cualidad del llamado que ha recibido de parte de Dios y su propio carácter cristiano.

Para poder ejercer el ministerio de la enseñanza en la iglesia, el candidato a maestro cristiano debería reunir por los menos las siguientes cualidades. Ser un verdadero creyente, es decir, ser convertido y haber aceptado a Cristo como Señor y Salvador; haber sido llamado por Dios, es decir, asumir el compromiso y seriedad que el llamado divino le demanda; y ser un creyente maduro, es decir, velar por un constante crecimiento espiritual.

1.1  DEBE SER CONVERTIDO
Puede parecer obvio y primarioso mencionar la necesidad de que el maestro cristiano sea, realmente, cristiano. Pero muchas veces las iglesias no se percatan de que es necesario que la persona que ocupa un lugar como maestro dentro de la iglesia deba ser un verdadero creyente.
Ser maestro dentro de la iglesia comporta un cargo de cierto prestigio y responsabilidad, y coloca a la persona que lo ocupa en un lugar de preeminencia que le permite ser escuchado e influenciar sobre un gran número de creyente. En tal sentido, la iglesia en su totalidad debe tener cuidado de a quiénes da esa responsabilidad y privilegio.

Frecuentemente se recalca la influencia que la personalidad del maestro tiene sobre las personalidades de sus alumnos. Es necesario, por lo tanto, que la personalidad del maestro halla sido conquistada y cambiado por Cristo a través de la experiencia de conversión.

Al ser la labor del maestro, una interacción de persona a persona, y ya que los numerosos autores sobre pedagogía cristiana recalcan que la huella que dejan los maestro sobre sus alumnos depende más de la persona y no tanto de la lección, entonces se hace imperiosa la necesidad que cada maestro cristiano sea un verdadero creyente en Cristo.

En consecuencia, debido al carácter del ministerio didáctico (de influencia y poder sobre otros creyentes), se hace imperioso que la persona que ocupa un lugar como maestro cristiano sea un verdadero convertido. Esto implica haber oído el mensaje del evangelio de Jesucristo y, persuadido por el accionar del Espíritu Santo, haber respondido con arrepentimiento y fe a la invitación del Cristo resucitado.

El arrepentimiento implica convicción de pecado y de juicio divino, es decir, certeza de una situación pecadora apartada de Dios y su inmarcesible amor. También involucra la decisión conciente y clara (a nivel intelectual, emocional y volitivo) de dejar el pecado y someterse a la voluntad divina. Al penetrar el mensaje evangélico en el alma del pecador, éste debe verse movido por su intelecto, emociones y voluntad, a dejar el pecado y volverse a Dios. Es decir, ser consciente de ser un pecador y estar separado de Dios, también sentir una compunción y aflicción profundas de pesar emocional y la decisión firme y clara de cambiar el rumbo de la vida.

El segundo aspecto de la conversión es la fe. Esta encierra una firme confianza en la acción salvadora de Cristo en la cruz y la aceptación gozosa de la persona de Cristo como el Mesías enviado por Dios para reconciliación.

El maestro cristiano debe haber pasado por esta experiencia. Ya sea de forma súbita o progresiva, extraordinaria o cotidiana, el maestro cristiano debe haber tenido un encuentro personal con Cristo y debe haber sido sellado por su Espíritu Santo en espera de la culminación salvadora en la eternidad.

1.2  DEBE SER LLAMADO
El maestro cristiano deber haber sido llamado por Dios para ejercer el ministerio de la enseñanza. La Biblia enseña que el ministerio de la enseñanza ha sido dado a la iglesia al igual que otros ministerios, como el ministerio pastoral, misionero, evangelístico, etc., por el Espíritu Santo para la edificación de la iglesia. Y aunque el maestro no tenga una función gobernante dentro de la iglesia, si comparte con los demás ministros la tarea de edificar a cada creyente en las virtudes espirituales.

Así como sería impensable tener un pastor que no haya sido llamado por Dios al frente de una iglesia, o un misionero sin llamado al frente de una obra nueva, debería ser también imposible para la iglesia tener a un hermano frente a una clase de escuela dominical sin haber sido llamado expresamente por Dios para ocupar ese lugar.

Que el maestro cristiano tenga un llamado divino es de vital importancia ya que esto significa haber sido equipado por el Espíritu Santo con un don espiritual especial para ejercer tal tarea. Realizar un ministerio sin tener el llamado y el don respectivo es desastroso. Muchas veces el fracaso de la escuela dominical o de los programas de discipulado está en que los lugares de los maestros son llenados, no con personas que tengan el llamado divino para tal fin, sino siguiendo criterios más mundanos.

La iglesia debería promover entre los fieles el conocimiento de los dones recibidos de parte de Dios en cada creyente. El pastor debería tener por meta el que cada creyente sea conciente del don o los dones dados por Dios y la consiguiente puesta en práctica de tales dones por parte de cada creyente. Asimismo, cada creyente debería estar vigilante a la voz de Dios a la espera de tener la certeza del ministerio al que Dios le llama. El llamado de parte de Dios podría llegar a través de la exposición de la Palabra, o en un momento de devoción personal, o a través de otros creyentes o circunstancias varias.

Cada creyente debería ser consciente que Dios demanda un ministerio de cada hijo suyo. En virtud de tal convencimiento, los maestros cristianos deberían ser aquellos llamados por Dios y equipados espiritualmente para tal fin, además de gozar de la confirmación divina para el ministerio didáctico a través del testimonio unánime de la iglesia.

1.3  DEBE SER ESPIRITUALMENTE MADURO
Además de haber nacido de nuevo (y haber sido justificado, santificado, adoptado, etc. por gracia divina) y de haber sido llamado por Dios y equipado espiritualmente para el ministerio cristiano, el maestro cristiano debe ser vigilante de su caminar diario en los asuntos espirituales.

El hecho de que el maestro cristiano haya nacido de nuevo y haya sido llamado por Dios, no lo exime de velar por su madurez espiritual. Al recordar el carácter y propósito formativos que tiene la labor pedagógica, el que el maestro cristiano se mantenga en constante crecimiento y perfeccionamiento, es vital para el éxito de su tarea. En tal sentido, el maestro cristiano debe velar por su perfeccionamiento espiritual en las áreas del conocimiento, poder, comunión y santidad.

La santidad tiene que ver con vivir una vida íntegra y consagrada a Dios. Como lo menciona el apóstol Pablo en Ro 6.11-14 “considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios”. Pablo resalta la dimensión humana de la santidad, es decir, la responsabilidad por parte del hombre de hacer efectiva, cada día, la santidad operada e iniciada por Dios al momento de la conversión.

La Biblia enseña que Dios es el que cambia nuestra naturaleza y nos limpia de pecado. En eso la Biblia es clara, la salvación viene solo de parte de Dios y el ser humano está totalmente impedido de alcanzar la salvación por sus propios méritos. La figura de Cristo es clave como el único camino, iniciador y perfeccionador, de la salvación de cada creyente.

Pero la Biblia también enseña que es responsabilidad de cada creyente cultivar la piedad y el carácter cristianos. Dios santifica a cada creyente, y cada creyente, tomado de su Señor, debe santificarse cada día conscientemente. En otras palabras, la santificación tiene un aspecto pasivo y otro activo. El pasivo implica dejar que Dios opere cambios esenciales en la vida del creyente. El aspecto activo implica que cada creyente debe ejercitar su voluntad para acercarse a la voluntad divina y cumplirla cada día.

La segunda área de crecimiento espiritual es el conocimiento. Conocimiento es tener un claro entendimiento de la persona y obra de Dios a través de la Biblia. Como menciona Deu.6.6-7 “grábate en el corazón estas palabras”.

El maestro cristiano debe velar también por crecer en el conocimiento de la persona y obra de Dios. Y este conocimiento se logra solamente a través de la Biblia, el único testimonio autoritativo de Dios en la tierra. Dios se reveló a la humanidad en forma suma a través de su Hijo Jesucristo, y el único testimonio físico de este hecho es la Biblia.

En tal sentido, el maestro cristiano debe esmerarse por estudiar profundamente la Biblia, haciéndose de los medios auxiliares que sean necesarios para tal fin. Libros, revistas, cursos, capacitaciones, etc., todo debe ser aprovechado por el maestro cristiano para crecer en el conocimiento de la Biblia, y en consecuencia, de Dios.

Una tercer área de crecimiento espiritual es el poder. Con el poder se quiere significar el ejercicio de los dones espirituales. Como lo señala el apóstol Pedro en su primera epístola “cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido” (1Pd. 4.10-11). El maestro cristiano debe conocer, practicar y perfeccionar el don o los dones espirituales que haya recibido de parte de Dios.

Finalmente, el maestro cristiano debe crecer en comunión con Dios, debe tener una relación íntima y personal con su Creador. Como dice el autor de la epístola a los hebreos “acerquémonos confiadamente al trono de la gracia” (Heb. 4.14-16).

El cultivo de la oración privada, el tiempo devocional, la alabanza y adoración públicas y privadas y la participación concienzuda en el culto público, son prácticas fundamentales en la vida espiritual de todo maestro cristiano. El maestro cristiano no debería subestimar estar prácticas personales y colectivas de piedad, ya que le acercan a Dios.

Además, el maestro cristiano debe vigilar que su crecimiento espiritual en estas cuatro áreas sean lo más uniformes posibles, sin descuidar ninguna, y si detecta un estancamiento en alguna de estas áreas, debería hacer esfuerzos por perfeccionarse.


2.  LA PREPARACIÓN TÉCNICA DEL MAESTRO CRISTIANO
La preparación técnica del maestro cristiano es de vital importancia. Esta abarca el conocimiento de la técnica didáctica, los métodos de enseñanza y el proceso de enseñanza – aprendizaje en general.

El maestro cristiano debe estar preparado en la técnica de enseñar. Debe conocer los pasos del proceso de enseñanza – aprendizaje y los fundamentos psicológicos y pedagógicos que subyacen a su práctica docente.

La preparación espiritual no reemplaza ni hace innecesaria la preparación académica. Ambas se complementan, y la segunda es una consecuencia lógica de la primera. Si el maestro cristiano es consciente que desempeña una función sagrada, que ha sido llamado y puesto por Dios para enseñar, entonces se debe sentir normalmente movido y empujado a prepararse académicamente para tener un ministerio fructífero.

La preparación académica no solo potencializa la labor del maestro cristiano, sino que lo conduce al éxito ministerial. Además, previene de caer en “espiritualismos”


malsanos. Basta mirar al Maestro por excelencia para percatarse del lugar y valor que le dio Jesucristo a la preparación académica. Haya sido formal o no, el Señor tuvo una preparación que le dio pericia y éxito en su tarea de enseñar. Sus discípulos no pueden hacer menos.

2.1  DEBE CONOCER LA PSICOLOGÍA DE SUS ALUMNOS
El maestro cristiano enseña a personas. El proceso de enseñanza – aprendizaje se hace de persona a persona. Las personalidades del maestro y los alumnos interactúan y se influencian mutuamente en el salón de clases y más allá.

El maestro cristiano debe conocer las características psicológicas, sociales, físicas y cognitivas de sus alumnos dependiendo del periodo evolutivo vital en el que se encuentren estos. El desarrollo humano implica que cada individuo debe pasar, conforme va creciendo en edad, por variados periodos de desarrollo que se definen por necesidades y retos específicos.

El cuerpo físico, la mente, las emociones, las funciones cognitivas, la moral, etc. van cambiando y evolucionando conforme el sujeto crece en edad. En la primera infancia (de 1 a 3 años de edad) los principales retos son la adquisición del lenguaje, la motricidad y movilidad, el desarrollo cerebral y el inicio de la autonomía y la socialización.

En la segunda infancia (de 3 a 6 años de edad) es la época pre-escolar, los niños aprenden a asimilar las reglas sociales, continúan desarrollando sus habilidades motoras y lingüísticas, y la socialización, el control de emociones y el desarrollo del yo forman los hitos más importantes de estos años. Mientras que la tercera infancia (de 6 a 11 años de edad) se caracterizan por los retos escolares. La socialización fuera de casa y de la familia, el desarrollo de la personalidad y el mejoramiento y enriquecimiento de las habilidades cognitivas son los principales retos.

La adolescencia (que va de 11 a 20 años de edad) comporta retos especiales. Pubertad, salud mental, conductas de riesgo e inmadurez, y una vocación en formación son los temas sobresalientes. La adultez temprana (entre los 20 a 40 años de edad) y la intermedia (entre los 40 a 60 años de edad) deben ser tenidas en cuenta como épocas de cambio también. Deterioro de las funciones físicas, enfermedades crónicas, estrés laboral, insatisfacción, problemas maritales, etc. son algunos de los temas que ocupan a los adultos.

La adultez tardía (de 60 años de edad a más) también tiene características distintivas que el maestro cristiano debe considerar. Estrés social por viudez o jubilación, enfermedades y deterioro físico, depresión, estrés y escasez económica son algunos de los asuntos que ocupan a los gerontes.

El maestro cristiano debe estar enterado de los principales hitos del desarrollo humano y entrenado para aplicar estos conocimientos en el salón de clases. A cualquier mente medianamente informada le queda claro que alumnos de diferentes edades y con necesidades diferentes demandan metodologías variadas de enseñanza.

El maestro cristiano puede echar mano de libros bien escogidos sobre el tema, cursos de capacitación, o incluso la observación analítica de la vida misma para recabar información pertinente que le permita adecuar su enseñanza a cada alumno.

2.2  DEBE CONOCER EL PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE
Con relación al entendimiento del proceso de enseñanza – aprendizaje, hay varias teorías que buscan diseñar la estructura de este proceso. Hay, sin embargo, dos perspectivas bien difundidas al respecto, y el maestro cristiano haría bien en estudiar ambas y asimilar aquella con la que se sienta más comprometido.

La perspectiva tradicional del proceso de enseñanza – aprendizaje sostiene que el carácter del maestro es básicamente el de un expositor del conocimiento bíblico, y se espera que este conocimiento por si solo motive a los alumnos a operar cambios en su vida. En ese sentido, el maestro es visto como una fuente de sabiduría y se limita la participación del alumno a la recepción pasiva de información.

Desde esta postura, el interés del alumnado se promueve por un sistema de recompensas y castigos. El objetivo final del maestro es cubrir el material que tiene por delante sin prestar atención al efecto que tiene en los alumnos. Por lo general el aula se acondiciona de manera que permita la exposición activa del maestro de la información o material que ha preparado, y los alumnos se sientan pasivamente a escuchar y recibir la sabiduría del maestro, sin tener mayor participación. Esta filosofía de enseñanza es la más difundida y arraigada, incluso en las clases de escuela dominical de las iglesias.

Una segunda perspectiva, más actual,  define el carácter del maestro como el de un motivador que mueve a hacer decisiones y compromisos a partir de las verdades bíblicas. En ese sentido, el maestro es un guía, que orienta a los alumnos a participar activamente (autoaprendizaje), involucrando los saberes previos y las habilidades propias de los alumnos.

Aquí el interés del alumnado se consigue apelando a las necesidades de los mismos. Para tal efecto, es necesario el conocimiento de las principales necesidades de los alumnos. El propósito del maestro no es cubrir un número preciso de material, sino alcanzar un propósito previamente definido en los alumnos. Ya sea que el material se cubra totalmente o no, el maestro busca alcanzar el propósito definido para sus alumnos. Este propósito tiene conexión con la satisfacción de las necesidades de los alumnos y la aplicación práctica de las verdades bíblicas en las vidas cotidianas de los alumnos.

El maestro cristiano debe estar consciente de las diferencias de ambas perspectivas y comprometerse con una filosofía de enseñanza definida o una combinación de ambas. El ideal es que el maestro cristiano actúe con conocimiento de causa, se comprometa con una filosofía de enseñanza, y sea consecuente con ella en su accionar docente.

El maestro cristiano debe conocer también los pasos del proceso de enseñanza – aprendizaje. Estos son la exposición, la repetición, la comprensión, la convicción y la aplicación. El maestro no debería dar por terminada su tarea si no está convencido de haber alcanzado cada uno de estos pasos.

La exposición tiene que ver con el conocimiento de alguna verdad. Es brindar información, o descubrir información nueva. Es adquirir un conocimiento. La repetición tiene que ver con el proceso de fijar la nueva información en la memoria a largo plazo del alumno. Esto se puede lograr con tareas apropiadamente escogidas y asignadas, que se acomoden al estilo de trabajo del alumno.

La comprensión tiene que ver con la traducción de la nueva información en nuevas actitudes y acciones específicas. Consiste en trasladar la verdad bíblica a la realidad cotidiana del alumno. Consiste en aterrizar las verdades eternas en el plano temporal de la vida cristiana. El cuarto paso, la convicción, se refiere al compromiso de la voluntad del alumno en el cumplimiento y puesta en práctica de las nuevas actitudes y acciones ideadas, producto de la asimilación de las nuevas verdades. El maestro debe apelar a la voluntad, y no solo a las emociones y pensamientos, de los alumnos para asegurarse la puesta en marcha de lo enseñado.

El último paso tiene que ver con la aplicación. Esta consiste en crear espacios y oportunidades para que los alumnos practiquen lo aprendido. No es suficiente, conocer, asimilar, comprender y comprometerse, es necesario que el maestro guie y acompañe a los alumnos en la ejecución de lo aprendido. El maestro cristiano debería vigilar de que cada enseñanza suya cubra estos cinco pasos del proceso de enseñanza – aprendizaje.

El proceso de enseñanza – aprendizaje puede compendiarse en los siguientes cinco principios. Primero, el aprendizaje debe comenzar donde está el alumno. El maestro debe conocer a los miembros de su clase lo suficientemente de cerca para conocer su nivel de entendimiento y sus actitudes presentes en la materia que es estudiada y debe enseñarles a la luz y en los términos de su actual entendimiento y desarrollo.

Segundo, el aprendizaje está basado en el interés. Por lo tanto el maestro al preparar su lección debe hacer planes cuidadosos para despertar la curiosidad y estimular el interés de la clase al comenzar la lección, dándose cuenta que hay poca necesidad de continuarla hasta que tal interés se haya conseguido.

Tercero, el aprendizaje se basa en la necesidad. Al preparar la lección, el maestro debería identificar especialmente las necesidades de los miembros de la clase que puedan ser satisfechas por esa lección particular. La materia debería entonces ser arreglada, y la lección enseñada de tal manera que las necesidades sean satisfechas.

Cuarto, el aprendizaje toma lugar a través de la actividad. El maestro al preparar la lección, debe hacer planes para estimular la actividad con propósito de parte de los miembros de la clase. Esta actividad puede ser mental, emocional o física, y debe ocurrir tanto dentro como fuera de la sesión de clases. Se aprende mejor a través de la experiencia, por consiguiente, cuando sea posible se debe dirigir la clase hacia experiencias cristianas deseables.

Quinto, se aprende a través de la identificación. El maestro cristiano debiera buscar encarnar los ideales de Cristo de una manera atractiva y sabia de manera que su vida sea digna, e inspire la imitación.

2.3  DEBE CONOCER LOS MÉTODOS DE ENSEÑANZA
Algunos autores definen enseñanza como la acción de trabajar, de acuerdo con los propósitos de Dios, para encauzar los cambios que se operan en los alumnos por medio de las experiencias compartidas con ellos. Algunos medios para cumplir con esta definición de enseñanza son los métodos y materiales de enseñanza.

Aunque hay muchos libros técnicos y académicos al respecto, que ilustran sobre el uso de métodos y materiales de enseñanza, bien haría el maestro cristiano en seguir el ejemplo de su Mentor y explorar en las páginas de los Evangelios, los métodos y materiales que el Maestro de Galilea utilizó en su ministerio terrenal.

Jesucristo utilizó objetos de la naturaleza para ilustrar y ejemplificar sus enseñanzas. Bien haría el maestro cristiano al utilizar los objetos de la vida cotidiana de sus alumnos para dar luz sobre las verdades que enseña. Las historias, en formas de parábolas, fueron quizás el método por excelencia utilizado por Cristo para transmitir su mensaje. Estas historias están ampliamente documentadas en los Evangelios y es harto conocida la preferencia de nuestro Señor de las parábolas.

Las preguntas y discusiones también son métodos válidos para lograr el propósito de enseñanza que se plantee el maestro. Las conferencias, tal vez el método más conocido y utilizado todos los tiempos, es también provechoso cuando se utiliza con buen juicio y discernimiento. Todos estos métodos fueron igualmente utilizados por el Maestro en su labor educativa.

Entre los materiales que Jesucristo utilizó durante su ministerio en Palestina encontramos el uso que hizo de Las Escrituras, los asuntos de actualidad de su tiempo, el mundo natural, las figuras del lenguaje, dichos sentenciosos, declaraciones concretas, etc., todas ellas usadas con tino de acuerdo al auditorio y las circunstancias.
Una vez más, estos son solo medios, herramientas, que debería tener el maestro en su repertorio para cumplir con los principios que el proceso de enseñanza – aprendizaje precisa.


CONCLUSIONES
La preparación del maestro cristiano es un requerimiento fundamental que se desprende del carácter formativo y sagrado que tiene su labor pedagógica. Esta preparación debe ser espiritual y académica.

La preparación espiritual vela por el carácter probo y piadoso del maestro cristiano. Este debe ser un verdadero convertido, que haya pasado por la experiencia redentora del arrepentimiento y la fe. Asimismo, todo creyente que ocupe un lugar en la iglesia de Cristo como maestro, debe haber sido llamado y equipado por Dios para dicha labor.

El maestro cristiano es un ministro, un siervo de Dios, y como tal debe hacer sido llamado soberanamente por Dios, y haber sido equipado por el Espíritu santo para dicha labor. También debe velar el maestro cristiano por su desarrollo espiritual en conocimiento, poder, comunión y santidad. Nada puede reemplazar la preparación espiritual del maestro cristiano.

La preparación del maestro cristiano también abarca su capacidad técnica. El maestro cristiano debe velar por su preparación académica. El maestro precisa conocer las características psicológicas de sus alumnos, teniendo en cuenta el periodo evolutivo en el que se encuentren.

También debe ser el maestro cristiano un conocedor de las filosofías, pasos y principios del proceso de enseñanza – aprendizaje. No por ser su labor, una tarea sagrada, va el maestro cristiano a descuidar su preparación técnica y dejar este aspecto a la improvisación.

El maestro cristiano debería, también, armarse de un buen número de métodos y materiales que le sirvan de herramientas para alcanzar los propósitos que tiene por delante en su labor docente. En el Maestro de maestro, tiene el maestro cristiano el ejemplo supremo de preparación, excelencia y éxito ministerial que debe seguir e imitar.

Ambos aspectos de la preparación, el espiritual y el técnico, no tendrían por qué estar divorciados ni separados. Ninguno va en desmedro del otro. Todo lo contrario, se complementan y perfeccionan. Cultivar ambos aspectos previene de caer en los “espiritualismos” y “profesionalismos” que tanto daño hacen al ministerio eclesiástico. El maestro cristiano tiene la demanda de lo alto y el clamor de las almas por mejorar su labor ministerial con una preparación adecuada e integral.


BIBLIOGRAFÍA
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HENDRINCKS, Howard. Enseñando para cambiar vidas. Miami, Unilit, 1990.
MORRIS, Charles. Psicología; un nuevo enfoque. Juárez, Prentice-Hall, 1992.
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PRICE, J. Jesús el maestro. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1981.
RICE, Lillian. Mejor enseñanza bíblica para los primarios en la escuela dominical. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1966.

ESTILOS Y FORMAS MUSICALES EN LA ADORACION

EDUARDO VASQUEZ CARRASCO




INTRODUCCION
Cada estilo o forma musical tiene una doctrina o teología que la respalda. Es decir, que la música refleja lo que el cantante cree, ya que toda música refleja una filosofía especifica.
Así, en la iglesia, la música que se utilice para la adoración va a reflejar lo que la iglesia crea sobre Dios y sobre la adoración. Actualmente, hay dos formas musicales en las iglesias que son las que predominan, la llamada música cristiana contemporánea, aquellas iglesias que buscan mantener una forma musical fiel a las Escrituras, e iglesias que combinan ambos estilos tratando de hacer una síntesis de ambos.
Lo que predomina en la actualidad es una desinformación y desconocimiento sobre lo que es realmente la adoración. Es decir, se desconoce lo que la Biblia dice sobre la adoración. Son muy pocas las iglesias y los creyentes que han realizado un estudio serio de la doctrina de la adoración, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.
Lo que predomina actualmente en la iglesia es una música enfocada en una ética hedonista y sentimental. Es decir, que se utilizan los estilos musicales que prefieren o gustan a las personas mayoritariamente, sin tomar en cuenta lo que Dios demanda como adoración.
Pero la Biblia enseña otra cosa. Efesios 5.10 dice que debemos comprobar lo que es agradable a Dios. Es más Dios establece en su Palabra los requisitos que el adorador debe cumple antes, durante y después del acto de adorar. Esto incluye también a la música.
                                                                                
MUSICA CRISTIANA CONTEMPORANEA
Es una corriente que surgió y fue impulsada por la neo-ortodoxia y su enfoque teológico. La neo-ortodoxia es una escuela de pensamiento teológico liberal. Básicamente enseña que debemos buscar una síntesis en el pensamiento teológico. Es decir, que si una postura conservadora plantea una tesis, como la divinidad de Jesús, pero otra postura más liberal la niega, entonces la neo-ortodoxia buscará una síntesis de ambas. De ahí surgió la idea de dos Cristo, uno histórico y otro teológico, el Jesús de la historia y el Jesús de la fe.
Utilizando las ideas de Hegel de tesis, antítesis y síntesis, se ha buscado sintetizar tanto las tradicionales formas musicales de adoración con los nuevos estilos musicales tomados del mundo secular. Así, enseñan que no importa el estilo musical, puede usarse música sacra, académica, pop, etc., mientras se cuide la letra. Esto abre las puertas a un sin número de posibilidades, no todas fieles a la Palabra de Dios.
La Nueva Era también ha ido metiéndose, lamentablemente, en el movimiento de la MCC. Con una filosofía humanista, panteísta y anti bíblica, la Nueva Era enseña y fomenta la posibilidad de ser dioses. El viejo engaño de Génesis 3.
Con relación a la música, dan prioridad al ritmo por sobre la melodía. Utilizan ritmos irregulares y hay ausencia de una melodía sostenida, por ejemplo, en la música rock, o en el jazz.
El problema aquí es que la música si tiene un efecto sobre el oyente, tanto a nivel físico, psicológico y espiritual. La melodía, armonía y el ritmo de una canción afectan el cuerpo, por ejemplo, el sistema circulatorio, nervioso, endocrino e inmune.
Afecta también a la mente.  La música tiene una cualidad innata que la convierte en un lenguaje universal, que está más allá de los idiomas. La música afecta la conciencia del oyente. Puede inducir diferentes estados de conciencia. Afecta el estado de ánimo.
El ser humano es una unidad, si la música lo afecta física y psicológicamente, entonces también se afecta espiritualmente. No se puede dividir estas dimensiones, están relacionadas, interactúan, se comunican y afectan mutuamente. Está demostrado científicamente que el sistema nervioso, endocrino e inmunológico utilizan un lenguaje común e interactúan como si fueran un macro-sistema.

EL CANTICO NUEVO
No solo se be prestar atención entonces solo a la letra de las canciones, sino también a la música que la acompaña. Esta es la que le da el sentido y la intención a la letra.
La Biblia enseña el principio del cántico nuevo. El Salmo 40.3 dice “puso luego en mi boca, cántico nuevo…”. Este cántico nuevo debe estar en nuestra boca y brotar de nuestro corazón transformado por Dios. Lucas 6. 45 dice “… porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Josué 1.8 dice “nunca se apartará de tu boca este libro de la ley”.
El cantico nuevo es un cantico que le alaba a él. El propósito principal de la música es alabarle a él. Cuando nuestra música utilizada en la adoración es una que le da la alabanza a él, entonces Dios nos fortalece y nos bendice.
La música debe tener principalmente una melodía, con un armonía sujeta a esa melodía y el ritmo bajo la superficie, donde apenas se note. No es cuestión de cultura. En toda cultura se encontrará música beneficios y música perniciosa. La tarea es distinguir cual beneficia al ser humano y cual no. Esa regla la da Dios es su Palabra.
Debido al gran poder de influencia que tiene la música sobre el ser humano en su totalidad, debemos ser más cuidadosos de la música que se elija para adorar a Dios. Si el objeto de nuestra adoración es Dios, entonces debemos buscar en su Palabra cuál es la música que a él le agrada y utilizarla para adorarle.
No es fácil renunciar a los propios deseos. Estamos acostumbrados a hacer las cosas a nuestra manera. Se nos ha enseñado a buscar lo placentero y lo fácil, y a evitar lo que requiera sacrificio.
La vida cristiana consiste de sacrificios. De renunciar a la pasada manera de vivir y de vestirse del nuevo hombre. Es decir, buscar en el ejemplo de Jesús un nuevo estilo de vida, que agrade a Dios, eso es la adoración, obediencia y sujeción a la majestuosa y todopoderosa voluntad de Dios.
La música es un instrumento poderoso de comunicación. Dios la ha elegido para ser el medio por excelencia a través del cual se le exprese alabanza. Pero la música, como todo, tiene un componente moral. Hay varias músicas, cada una sujeta a una filosofía concreta. Hay música sensual, desordenada, rebelde, etc., y estás cualidades se expresan a través del uso de la melodía, la armonía y el ritmo.
No hay que ser ingenuos. Hay que hacer un uso serio y maduro, en todos los sentidos, de la melodía, armonía y ritmo en la música que se utiliza para adorar a Dios, ya que nuestro propósito es glorificar a Dios.

REFERENCIAS
·         Garlock, Frank. Seminario: El lenguaje de la música. Majestic Music Ministry.

·         Bartley, James. La adoración que agrada al Altísimo. Casa Bautista de Publicaciones.